Armando Gómez
Poeta recién llegado
Mi tiranía terminó, no me encuentro en forma para seguir gobernando un imperio de palabras sin un propósito
La corona no se merece sólo por haberla diseñado, se gana en la sangrienta batalla
Se tiene que matar al enemigo con el dolor profundo de eliminar, y con el pesar brillante del cambio
Y este discurso en el ocio no es más que una paz engañosa que nos enferma, y que no nos permite ver la guerra
Me hice un corte con mi propia espada para marcar la historia de mi sobriedad falsa
Soy un ebrio, de valor, de coraje, y la insípidez de la nobleza me aburre, atrapa y deprime
Amo de un barro al que no mando ni hago volverse arte, por eso me quedo con la libertad que proponen los paisajes inmensos
Y detesto la adoración que tengo hacia mi estatus, y su cínica danza que ignora lo puro y bebe lo no contrito
Por eso, ordeno al que pueda volverse loco sin perecer, hacerlo
Al que pueda amar, hacerlo y después hacer lo anterior y antes, volver amar
Aquí se ama y luego se pregunta, sino no vengan con ofrendas ni ofensas
En tiempos de naciones en crisis, en tiempos de tanta estupidez, que mal se escucha decir lo obvio
Lo obvio se escurre entre lo burdo, y lo vulgar es hoy el nuevo caché
Mi sastre me hizo parches, para tapar mi angustia por ustedes, y hoy es moda
Por eso le cortaré la cabeza a mi banalidad
Gestor nefasto de la indiferencia, que trajo consigo mi popularidad
Rango alto es el que genera el interés, elevarme hacia el populismo más sagaz
Vino para todos, y la capa del circo hoy me tapa las montañas
Pan para todos, y hoy mis seguidores son tan incalculables como mi vacío
Váyanse todos los que están aquí porque les dí lo que querían y no necesitaban, váyanse, me dan mucho asco
Libero a todos los demonios utilizados para asesinar mi inprudencia y saquear mi tiempo
Dejo libre a los versos presos por la búsqueda de elegancia, que no es más que ocultar sensibilidad
Esa sensibilidad que me hace perder autoridad en la burócrata admiración, pero elimina falsos consejeros
Que ser cauto no sé confunda con pasividad, que ser amable no se confunda con ser inferior
No hagan nunca más lo que quiero, solo siganme si es estrictamente necesario
Desobedientes, sordos, necios, hagan de esto un caos hasta que ceda mi trono, o hasta que toque a Dios
Coman y beban como un pobre entrando en la burguesía, y alimentense de mi creación delirante y lúgubre
Como animales, entren y rompan mi cuarto, escupan en mi manto y no me pidan perdón
Ríanse de mis leyes
Omitan mi cantar
Regocinjense en mi tumba
Mi tiranía terminó....
La corona no se merece sólo por haberla diseñado, se gana en la sangrienta batalla
Se tiene que matar al enemigo con el dolor profundo de eliminar, y con el pesar brillante del cambio
Y este discurso en el ocio no es más que una paz engañosa que nos enferma, y que no nos permite ver la guerra
Me hice un corte con mi propia espada para marcar la historia de mi sobriedad falsa
Soy un ebrio, de valor, de coraje, y la insípidez de la nobleza me aburre, atrapa y deprime
Amo de un barro al que no mando ni hago volverse arte, por eso me quedo con la libertad que proponen los paisajes inmensos
Y detesto la adoración que tengo hacia mi estatus, y su cínica danza que ignora lo puro y bebe lo no contrito
Por eso, ordeno al que pueda volverse loco sin perecer, hacerlo
Al que pueda amar, hacerlo y después hacer lo anterior y antes, volver amar
Aquí se ama y luego se pregunta, sino no vengan con ofrendas ni ofensas
En tiempos de naciones en crisis, en tiempos de tanta estupidez, que mal se escucha decir lo obvio
Lo obvio se escurre entre lo burdo, y lo vulgar es hoy el nuevo caché
Mi sastre me hizo parches, para tapar mi angustia por ustedes, y hoy es moda
Por eso le cortaré la cabeza a mi banalidad
Gestor nefasto de la indiferencia, que trajo consigo mi popularidad
Rango alto es el que genera el interés, elevarme hacia el populismo más sagaz
Vino para todos, y la capa del circo hoy me tapa las montañas
Pan para todos, y hoy mis seguidores son tan incalculables como mi vacío
Váyanse todos los que están aquí porque les dí lo que querían y no necesitaban, váyanse, me dan mucho asco
Libero a todos los demonios utilizados para asesinar mi inprudencia y saquear mi tiempo
Dejo libre a los versos presos por la búsqueda de elegancia, que no es más que ocultar sensibilidad
Esa sensibilidad que me hace perder autoridad en la burócrata admiración, pero elimina falsos consejeros
Que ser cauto no sé confunda con pasividad, que ser amable no se confunda con ser inferior
No hagan nunca más lo que quiero, solo siganme si es estrictamente necesario
Desobedientes, sordos, necios, hagan de esto un caos hasta que ceda mi trono, o hasta que toque a Dios
Coman y beban como un pobre entrando en la burguesía, y alimentense de mi creación delirante y lúgubre
Como animales, entren y rompan mi cuarto, escupan en mi manto y no me pidan perdón
Ríanse de mis leyes
Omitan mi cantar
Regocinjense en mi tumba
Mi tiranía terminó....