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Gala

Alizée

⊙ ⲤⲆⲄⲂⲞⲚⲞ ⲘⲞꓓⲒ⳨ⲒⲤⲆꓓⲞ ⊙ ✦Humαlıen✦ ∞ ֎ ♡
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Di Voi
No, no fue una cita previa convenida, ni propiciada celebración de algo, nada que la causalidad acuciara vestido largo, de cóctel o corto, atuendo formal, casual o deportivo. Cero premeditadas elecciones, sin dorado, ni púrpura, ni rojo, encaje o traje oscuro, neutro, beige o con corbata, ningún arreglo, nada particular para ese encuentro, aquello no tuvo el menor asomo de planeado.

La ocasión no demandó exclusivas joyas que lucir, reloj de marca en la muñeca, delicados zarcillos o discreta gargantilla, ni tocado en el cabello suelto, mucho menos, zapatillas encantadas.

Tampoco flores recién cortadas de ornamento, centros de mesa, manteles largos, ni ondulante flama encendida en candelabro antiguo de ocultas intensiones. Sin aperitivo, añejo vino, manjar exquisito o delicia bañada en caramelo.

No tuvo lugar la melodía de talentosos músicos de inexpresivos rostros, ni se escuchó el sonido común de sus bien afinados instrumentos tocando las clásicas composiciones, en desgastadas notas ensayadas.

Aún sin estar sus nombres anotados en la lista de invitados, se presentaron así, frente al estimulante guiño de la vida. Ella, algo nerviosa, alegre, ilusionada, casi al igual que él, tímido, sonriente, seductor. Completamente desarmados, sin subterfugios. Vulnerables.

Cuando salieron a su encuentro, la atrapante música de fondo que lograba percibirse, era el latido acompasado, casi exaltado e indiscreto de sus pulsos confundidos y ambas respiraciones.

No había flores por doquier, y sin embargo, envueltos en la innata elegancia de la hora, a contraluz de una blanca, encantadora luna turca, atisbaba sutil, únicamente, el rosa de sus labios.

La solitaria gema fulgurante, en medio de toda esa aterciopelada inmensidad, era el radiante brillo que emanaba del contacto, entre el pálido color de los ojos de ella y la hipnótica luz, del insondable mirar de él.

El dínamo carmesí jamás podría haber dejado de asistir, el cómplice travieso se proyectaba en las mejillas de ambos y más que dispuesto, como un ensueño, latiendo entre sus manos: El de él por detrás a modo de sorpresa, el de ella al frente. ¡Qué afortunados! Fue el regalo más grande que aquella noche fantástica e inmarcesible, intercambiaron.

No presentaron credenciales, al natural, sin protocolo, las reglas de etiqueta, ni falta les hicieron, igual desenfadados, respetuosos decidieron arriesgarse, sencillos y admirados, felices empatados.

Así es el amor. Él tiene agallas y un rumbo fijo. Es navegante en el mar de aguas profundas, impredecibles, casi indomables e infinitas, pero sin mapas, ni instrucciones, sin brújula o conocimientos. Inesperado se presenta, si, como vivir a pleno cada segundo de la vida.

Hoy cada noche, rendidos al confort de un sueño lúcido, mientras descansan, quizá despiertos, tal vez dormidos, también se darán cuenta. Ataviados con esmero, solo de amor, su mayor elección no fue el destino solitario acostumbrado, sino el trayecto inimaginable, acompañados.



2015




 
Última edición:
Casualidad que se asemeja a un milagro suele ser ese amor bueno, puro, único...
Bonita inspiración.
 
Coincidencia feliz, corazón y alma de la vida cuando ésta es verdadera.

Mi Apreciado Poeta y Amigo, @César Guevar :

Jamás he creído en las coincidencias por lo que dudo que alguna vez me ocurriesen u ocurran, pero para quienes creen en ellas todo es posible, confluir de corazón y alma, simbiosis que trasciende, donde todo es verdad y no. Muchas Gracias por su generosidad y calidez al acompañar este escrito, lo atesoro enormemente. Reciba mi saludo afectuoso y mis mejores deseos siempre
 
Casualidad que se asemeja a un milagro suele ser ese amor bueno, puro, único...
Bonita inspiración.

Apreciado Poeta y Amigo @Destinos :

Muchas Gracias por acompañar mis líneas y dejar tan cordial comentario, lo valoro. Reciba mi saludo afectuoso y mis mejores deseos siempre
 
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Di Voi
No, no fue una cita previa convenida, ni propiciada celebración de algo, nada que la causalidad acuciara vestido largo, de cóctel o corto, atuendo formal, casual o deportivo. Cero premeditadas elecciones, sin dorado, ni púrpura, ni rojo, encaje o traje oscuro, neutro, beige o con corbata, ningún arreglo, nada particular para ese encuentro, aquello no tuvo el menor asomo de planeado.

La ocasión no demandó exclusivas joyas que lucir, reloj de marca en la muñeca, delicados zarcillos o discreta gargantilla, ni tocado en el cabello suelto, mucho menos, zapatillas encantadas.

Tampoco flores recién cortadas de ornamento, centros de mesa, manteles largos, ni ondulante flama encendida en candelabro antiguo de ocultas intensiones. Sin aperitivo, añejo vino, manjar exquisito o delicia bañada en caramelo.

No tuvo lugar la melodía de talentosos músicos de inexpresivos rostros, ni se escuchó el sonido común de sus bien afinados instrumentos tocando las clásicas composiciones, en desgastadas notas ensayadas.

Aún sin estar sus nombres anotados en la lista de invitados, se presentaron así, frente al estimulante guiño de la vida. Ella, algo nerviosa, alegre, ilusionada, casi al igual que él, tímido, sonriente, seductor. Completamente desarmados, sin subterfugios. Vulnerables.

Cuando salieron a su encuentro, la atrapante música de fondo que lograba percibirse, era el latido acompasado, casi exaltado e indiscreto de sus pulsos confundidos y ambas respiraciones.

No había flores por doquier, y sin embargo, envueltos en la innata elegancia de la hora, a contraluz de una blanca, encantadora luna turca, atisbaba sutil, únicamente, el rosa de sus labios.

La solitaria gema fulgurante, en medio de toda esa aterciopelada inmensidad, era el radiante brillo que emanaba del contacto, entre el pálido color de los ojos de ella y la hipnótica luz, del insondable mirar de él.

El dínamo carmesí jamás podría haber dejado de asistir, el cómplice travieso se proyectaba en las mejillas de ambos y más que dispuesto, como un ensueño, latiendo entre sus manos: El de él por detrás a modo de sorpresa, el de ella al frente. ¡Qué afortunados! Fue el regalo más grande que aquella noche fantástica e inmarcesible, intercambiaron.

No presentaron credenciales, al natural, sin protocolo, las reglas de etiqueta, ni falta les hicieron, igual desenfadados, respetuosos decidieron arriesgarse, sencillos y admirados, felices empatados.

Así es el amor. Él tiene agallas y un rumbo fijo. Es navegante en el mar de aguas profundas, impredecibles, casi indomables e infinitas, pero sin mapas, ni instrucciones, sin brújula o conocimientos. Inesperado se presenta, si, como vivir a pleno cada segundo de la vida.

Hoy cada noche, rendidos al confort de un sueño lúcido, mientras descansan, quizá despiertos, tal vez dormidos, también se darán cuenta. Ataviados con esmero, solo de amor, su mayor elección no fue el destino solitario acostumbrado, sino el trayecto inimaginable, acompañados.




Coincidencia o no, es un ambiente envolvente del que ya no se podrán librar. Un beso, Grace.
 
Hermoso y profundo escrito. El amor cuando es verdadero y compartido entre dos es lo más importante. Encantada de leerte. Saludos cordiales.

Muchas Gracias mi Querida Poeta y Amiga @Lourdes C , siempre me es grato recibir la calidez de tu presencia, tu generosidad al comentar y tu dedicado tiempo, lo valoro. Cierto que el amor cuando es de dos es lo más importante por sobre todo. Me alegra que disfrutases la lectura. Recibe mi saludo cordial y mis mejores deseos siempre
 
Coincidencia o no, es un ambiente envolvente del que ya no se podrán librar. Un beso, Grace.

Muchas Gracias mi Admirado Poeta y Amigo Sergio @goodlookingteenagevampire , por acompañar mis líneas y a mí con tu amable y cálida presencia, aunados a tu atinado comentario y dedicado tiempo. Recibe mi saludo afectuoso y mis mejores deseos siempre
 
Así es el amor. Él tiene agallas y un rumbo fijo. Es navegante en el mar de aguas profundas, impredecibles, casi indomables e infinitas, pero sin mapas, ni instrucciones, sin brújula o conocimientos. Inesperado se presenta, si, como vivir a pleno cada segundo de la vida.

Hoy cada noche, rendidos al confort de un sueño lúcido, mientras descansan, quizá despiertos, tal vez dormidos, también se darán cuenta. Ataviados con esmero, solo de amor, su mayor elección no fue el destino solitario acostumbrado, sino el trayecto inimaginable, acompañados.


No he podido dejar de leerte.
Me conmueve, hay una dulzura en tu forma de escribir.

Bellisimo
saludos poeta!
 
No he podido dejar de leerte.
Me conmueve, hay una dulzura en tu forma de escribir.

Bellisimo
saludos poeta!

Muchas Gracias por comprender la esencia mi Apreciado Poeta y AmigoH @Nudo , siempre me es grata la calidez de tu presencia, tu generoso comentar y tu dedicado tiempo que valoro, en mis líneas. Recibe mi saludo afectuoso y mis mejores deseos sinfín
 
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Di Voi
No, no fue una cita previa convenida, ni propiciada celebración de algo, nada que la causalidad acuciara vestido largo, de cóctel o corto, atuendo formal, casual o deportivo. Cero premeditadas elecciones, sin dorado, ni púrpura, ni rojo, encaje o traje oscuro, neutro, beige o con corbata, ningún arreglo, nada particular para ese encuentro, aquello no tuvo el menor asomo de planeado.

La ocasión no demandó exclusivas joyas que lucir, reloj de marca en la muñeca, delicados zarcillos o discreta gargantilla, ni tocado en el cabello suelto, mucho menos, zapatillas encantadas.

Tampoco flores recién cortadas de ornamento, centros de mesa, manteles largos, ni ondulante flama encendida en candelabro antiguo de ocultas intensiones. Sin aperitivo, añejo vino, manjar exquisito o delicia bañada en caramelo.

No tuvo lugar la melodía de talentosos músicos de inexpresivos rostros, ni se escuchó el sonido común de sus bien afinados instrumentos tocando las clásicas composiciones, en desgastadas notas ensayadas.

Aún sin estar sus nombres anotados en la lista de invitados, se presentaron así, frente al estimulante guiño de la vida. Ella, algo nerviosa, alegre, ilusionada, casi al igual que él, tímido, sonriente, seductor. Completamente desarmados, sin subterfugios. Vulnerables.

Cuando salieron a su encuentro, la atrapante música de fondo que lograba percibirse, era el latido acompasado, casi exaltado e indiscreto de sus pulsos confundidos y ambas respiraciones.

No había flores por doquier, y sin embargo, envueltos en la innata elegancia de la hora, a contraluz de una blanca, encantadora luna turca, atisbaba sutil, únicamente, el rosa de sus labios.

La solitaria gema fulgurante, en medio de toda esa aterciopelada inmensidad, era el radiante brillo que emanaba del contacto, entre el pálido color de los ojos de ella y la hipnótica luz, del insondable mirar de él.

El dínamo carmesí jamás podría haber dejado de asistir, el cómplice travieso se proyectaba en las mejillas de ambos y más que dispuesto, como un ensueño, latiendo entre sus manos: El de él por detrás a modo de sorpresa, el de ella al frente. ¡Qué afortunados! Fue el regalo más grande que aquella noche fantástica e inmarcesible, intercambiaron.

No presentaron credenciales, al natural, sin protocolo, las reglas de etiqueta, ni falta les hicieron, igual desenfadados, respetuosos decidieron arriesgarse, sencillos y admirados, felices empatados.

Así es el amor. Él tiene agallas y un rumbo fijo. Es navegante en el mar de aguas profundas, impredecibles, casi indomables e infinitas, pero sin mapas, ni instrucciones, sin brújula o conocimientos. Inesperado se presenta, si, como vivir a pleno cada segundo de la vida.

Hoy cada noche, rendidos al confort de un sueño lúcido, mientras descansan, quizá despiertos, tal vez dormidos, también se darán cuenta. Ataviados con esmero, solo de amor, su mayor elección no fue el destino solitario acostumbrado, sino el trayecto inimaginable, acompañados.




Yo creo, amiga Grace, que tú siempre escribes en clave poética, así trabajaras en la sección de finanzas de un periódico. Me ha llamado mucho la atención como vas describiendo el escenario y la atmósfera en la mayor parte de tu escrito: mencionas lo que no hay -vestuarios, joyas, protocolos- para ir descartando esos elementos y dejar a tus protagonistas en un espacio de intimidad, libre de estridencias, para efectuar un rito de entrega, de unión, de valiente complicidad. El cierre es de antología, y me ha encantado.
Muchas gracias por compartir. Van mis afectos y mis deseos luminosos de siempre.
:)
 
Yo creo, amiga Grace, que tú siempre escribes en clave poética, así trabajaras en la sección de finanzas de un periódico. Me ha llamado mucho la atención como vas describiendo el escenario y la atmósfera en la mayor parte de tu escrito: mencionas lo que no hay -vestuarios, joyas, protocolos- para ir descartando esos elementos y dejar a tus protagonistas en un espacio de intimidad, libre de estridencias, para efectuar un rito de entrega, de unión, de valiente complicidad. El cierre es de antología, y me ha encantado.
Muchas gracias por compartir. Van mis afectos y mis deseos luminosos de siempre.
:)

Muchas Gracias mi Querido AmigoP y Admirado Poeta @Martín Vera , me hace muy feliz tu cálida presencia en mis líneas, valoro tu dedicado tiempo y tu delicado, atento y profundo comentar, tan acertado... nada es más importante, ningún atavío, que el único importante invitado cómplice, el amor. Qué grato que hayas disfrutado la lectura y me acompañes en esta aventura de letras tan preciadas. Te saludo afectuosamente y te deseo hermosos días plenos de Armonía, Salud y Poesía, como es natural
 

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