Nada tortura tanto
como lo hace
la propia mente.
Te encierra
en un miedo sin forma,
forjado de aire y temor,
jaula que se cierra,
asfixiándote en su interior.
Y la llave,
¿dónde andará?
No estará, matarile,
en el fondo del mar.
No hay necesidad de cerradura,
de candado o similar;
ella misma es su carcelero,
su torturador y guardián.
como lo hace
la propia mente.
Te encierra
en un miedo sin forma,
forjado de aire y temor,
jaula que se cierra,
asfixiándote en su interior.
Y la llave,
¿dónde andará?
No estará, matarile,
en el fondo del mar.
No hay necesidad de cerradura,
de candado o similar;
ella misma es su carcelero,
su torturador y guardián.