Miguel Mercurio
Poeta recién llegado
Son tus enormes ojos de cambiante color
dos suculentos platos de menta y de aceitunas,
dos pozos sin fondo entre las plateadas dunas,
el divino elixir para calmar mi dolor.
Son tus enormes ojos de cambiante color
dos mares de zafiro bajo serenas lunas,
dos intensos destellos de rarezas gatunas,
la muestra de tu naturaleza en su esplendor.
Son las ardientes fraguas que funden el metal,
de la tierra los faros que guían mi camino,
del cielo las estrellas que yo quiero mirar.
Son de las altas sierras el vivo manantial,
de mis cansados pasos el ansiado destino,
de mi existencia el mundo donde anhelo habitar.
dos suculentos platos de menta y de aceitunas,
dos pozos sin fondo entre las plateadas dunas,
el divino elixir para calmar mi dolor.
Son tus enormes ojos de cambiante color
dos mares de zafiro bajo serenas lunas,
dos intensos destellos de rarezas gatunas,
la muestra de tu naturaleza en su esplendor.
Son las ardientes fraguas que funden el metal,
de la tierra los faros que guían mi camino,
del cielo las estrellas que yo quiero mirar.
Son de las altas sierras el vivo manantial,
de mis cansados pasos el ansiado destino,
de mi existencia el mundo donde anhelo habitar.