¿Qué buscas, ángel mío?
-Abuela, la inocencia.
-¿Y dónde la dejaste?
-Se quedó en la frontera,
donde roban los sueños
de las almas viajeras
donde aplican la leyes
de una justicia ciega.
-¿Y qué aroma tenía?
-Aroma de azucena,
y una nívea ternura
con un brillo de estrellas,
la mirada confiada
de una tierna gacela
que transita la noche
sin saber que esta muerta.
Siguen habiendo Herodes
germen de mala yerba
genocidas que temen
semillas de otras tierras.
Bajo un hechizo duerme
por siempre la inocencia
de las almas que nunca
cruzaron la frontera,
como un compás vacío
de eterno duermevela
silencios de querubes
sobre azules praderas.
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