Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los ríos de azulejos
desembocan en almohadas
y una lluvia de tordos y turpiales
se desata al horizonte.
Hay cardenales de trinos incendiados
en la altiva llamarada del ocaso
y hay flamingos compitiendo
por un pedacito de cielo despejado.
El blancor de garzas y de grullas
desviste de ropajes a las nubes
desnudando el rocío de su esencia
Y allí estás tú
dándole sentido a tanto plumaje
con tu cándida sonrisa de perlas y jazmines.
Y aquí estoy yo
extasiado ante el albor de tu presencia.
desembocan en almohadas
y una lluvia de tordos y turpiales
se desata al horizonte.
Hay cardenales de trinos incendiados
en la altiva llamarada del ocaso
y hay flamingos compitiendo
por un pedacito de cielo despejado.
El blancor de garzas y de grullas
desviste de ropajes a las nubes
desnudando el rocío de su esencia
Y allí estás tú
dándole sentido a tanto plumaje
con tu cándida sonrisa de perlas y jazmines.
Y aquí estoy yo
extasiado ante el albor de tu presencia.
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