Vicente Fernández-Cortés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mientras duermes
Puedo ser lo que quieras,
podría ser todo cuanto quisieras,
pero soy forastero y nada tengo,
sólo a ti,
y estas manos,
y esta inmensa ribera de mis besos.
(Vicente Martín)
Me asaltas sin piedad a pura lencería
con una mueca obscena y transgresora
mientras esgrimes, desafiante, una exigua divisa de satén.
Con la precisa habilidad de Ariadna me enredas en tu trama como un Teseo inerme.
Y te asedio
y reprimes mi embestida como una loba enferma transida de tu celo.
Y me buscas
y pongo en cuarentena todas las leyes del recato.
Hasta que agotes los límites de mi desenvoltura y determine:
-Ya eres mía-
Y te adhieres a mi causa anticipando un ademán perverso en inequívoca seña de capitulación.
Luego, al fin, cansado de pensarte, te encontraré yacente ajena a mi batalla
y preso de una ternura innumerable te observaré
rendida ante mi almohada en brazos de Morfeo:
-Buenas noches, princesa.-
Y cuando un suspiro insomne corrija tu sosiego y me increpes contrariada:
-¿por qué me has despertado?- yo te diré en voz baja:
-Discúlpame, amor mío, ya sabes que me muero por mirarte mientras duermes. Que descanses-
Y amortiguando un beso en tu mejilla apagaré el candil que iluminó mi sueño.
Última edición: