PIEDRA VIEJA, PIEDRA ETERNA
¡Oh demacrado rostro de la piedra milenaria!
Apenas el orgullo de tu estirpe mantiene la sonrisa
en tus carcomidas mejillas.
Y sin embargo ¡cómo brillan tus lágrimas de cuarzo puro!
Deshabitada ya de los fantasmas y leyendas
que en bastarda ocupación te daban vida
descolorida por siglos de despreocupada intemperie
serías, piedra antigua, ya insensible,
la perfecta cobertura para mi rústica tumba
el soporte inalterable para un epitafio ingenioso.
Serías mi eterna compañera, piedra llameante en días de lluvia.
Y no serás olvidada por los hombres
como tampoco lo sería yo, pobre indigente.
Infinitos los ecos que en tí duermen,
infinitas las brumas que te hicieron llorar en las tardes frías del otoño.
La pedrería engastada en las maclas que te forman
te hacen joya y te hacen muerte,
piedra que naciste orgullosa en algún vómito de fuego.
Nunca podrás ser espejo de los hechos de los hombres
como tampoco seré yo el cantor de sus proezas.
Tú serás sólo fulgor vespertino en los versos de un poeta
y yo carroña que alimentará lirios silvestres.
Te imagino en un futuro, sobre mí, piadosa cobertura de mis restos
en algún lugar perdido y desolado.
Tendremos por vecinos lagartos y gorriones, gente humilde,
soportaremos impávidos el devenir de los tiempos
y sobre todo... sobre todo,
seremos pregonados por el silencio.
Dolmen en Extremadura. Foto de Ángel M. Felicísimo
¡Oh demacrado rostro de la piedra milenaria!
Apenas el orgullo de tu estirpe mantiene la sonrisa
en tus carcomidas mejillas.
Y sin embargo ¡cómo brillan tus lágrimas de cuarzo puro!
Deshabitada ya de los fantasmas y leyendas
que en bastarda ocupación te daban vida
descolorida por siglos de despreocupada intemperie
serías, piedra antigua, ya insensible,
la perfecta cobertura para mi rústica tumba
el soporte inalterable para un epitafio ingenioso.
Serías mi eterna compañera, piedra llameante en días de lluvia.
Y no serás olvidada por los hombres
como tampoco lo sería yo, pobre indigente.
Infinitos los ecos que en tí duermen,
infinitas las brumas que te hicieron llorar en las tardes frías del otoño.
La pedrería engastada en las maclas que te forman
te hacen joya y te hacen muerte,
piedra que naciste orgullosa en algún vómito de fuego.
Nunca podrás ser espejo de los hechos de los hombres
como tampoco seré yo el cantor de sus proezas.
Tú serás sólo fulgor vespertino en los versos de un poeta
y yo carroña que alimentará lirios silvestres.
Te imagino en un futuro, sobre mí, piadosa cobertura de mis restos
en algún lugar perdido y desolado.
Tendremos por vecinos lagartos y gorriones, gente humilde,
soportaremos impávidos el devenir de los tiempos
y sobre todo... sobre todo,
seremos pregonados por el silencio.
Dolmen en Extremadura. Foto de Ángel M. Felicísimo
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