Samuel17993
Poeta que considera el portal su segunda casa
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19/04/2018
19/04/2018
Corre, corre como perdido.
¿Quién te encontrará en algún lugar, en algún momento?
Eres una especie de caballo, pero mucho más pesado.
Eres ruidoso y me molestan tus pasos,
más cuando es de noche.
Te puedo ver detrás del telón,
en la noche,
esperando en la puerta, tras la ventana,
en el baño, en el libro.
Me miras, yo te miro.
A veces te difuminas y otras eres muy claro.
Puedo mirarte hasta lo más profundo de tu ser.
No es oscuro ni claro. No eres como la mortaja,
que acecha a los suicidas. Dejaste esos trajes
hace tiempo; pero reapareces,
cual César, Augusto soberano,
y te crees capaz de
todo.
A lo que más me pareces es a un hombre perdido, no a una sirena erótica.
Me haces las más extrañas confidencias, las locuras
más extravagantes, te veo con ego y a punto de abrazarte
al agua de donde sales, reflejado y pérfido. Tal vez,
más de una vez,
eres un mal espejismo mío, un mal reflejo.
Entonces me susurras las peores estupideces, las mayores barbaridades.
Tu sombra alargada,
como un álamo,
aparece en la dureza,
en el fracaso,
en tu misma esencia,
la ansiedad.
A veces te subes tanto que crees poder existir sin mí;
que me ahogas con tus bocanadas, parasitadas de mi
oxígeno que intento ganarme de cada bocanada,
como pez estúpido que intenta sobrevivir en esta
pecera.
Me desato en caminatas en la pecera,
adornada de libros, de recuerdos,
mientras pienso en huir.
Cuando sueño con mi dulce sueño sureño,
no existen más rincones en los que
yo me pueda ver que en su Granada.
Existo ya allí,
abrazado a ella.
Desapareces,
furioso,
anhelante yo,
ahora sí, ya,
respirando
de su boca.
Y puedo respirar, sin sentir tus manos,
tiranas, aspirando
al dominio de mi mundo,
pequeño, ambicioso.
Los problemas se esfuman,
y tú los acompañas,
haciendo de guía turístico.
Y tu mismo éxito es tu carrera,
del Fracaso.
En ese momento,
únicamente,
se te oye un ruidito ratonero,
que yo disfruto, con mi corazón en el pecho,
y me río y te miro sin miedo.
Inútil inutilidad, te vas solo a recitar
a Gil de Biedma.
Y nadie te escucha.
¿Quién te encontrará en algún lugar, en algún momento?
Eres una especie de caballo, pero mucho más pesado.
Eres ruidoso y me molestan tus pasos,
más cuando es de noche.
Te puedo ver detrás del telón,
en la noche,
esperando en la puerta, tras la ventana,
en el baño, en el libro.
Me miras, yo te miro.
A veces te difuminas y otras eres muy claro.
Puedo mirarte hasta lo más profundo de tu ser.
No es oscuro ni claro. No eres como la mortaja,
que acecha a los suicidas. Dejaste esos trajes
hace tiempo; pero reapareces,
cual César, Augusto soberano,
y te crees capaz de
todo.
A lo que más me pareces es a un hombre perdido, no a una sirena erótica.
Me haces las más extrañas confidencias, las locuras
más extravagantes, te veo con ego y a punto de abrazarte
al agua de donde sales, reflejado y pérfido. Tal vez,
más de una vez,
eres un mal espejismo mío, un mal reflejo.
Entonces me susurras las peores estupideces, las mayores barbaridades.
Tu sombra alargada,
como un álamo,
aparece en la dureza,
en el fracaso,
en tu misma esencia,
la ansiedad.
A veces te subes tanto que crees poder existir sin mí;
que me ahogas con tus bocanadas, parasitadas de mi
oxígeno que intento ganarme de cada bocanada,
como pez estúpido que intenta sobrevivir en esta
pecera.
Me desato en caminatas en la pecera,
adornada de libros, de recuerdos,
mientras pienso en huir.
Cuando sueño con mi dulce sueño sureño,
no existen más rincones en los que
yo me pueda ver que en su Granada.
Existo ya allí,
abrazado a ella.
Desapareces,
furioso,
anhelante yo,
ahora sí, ya,
respirando
de su boca.
Y puedo respirar, sin sentir tus manos,
tiranas, aspirando
al dominio de mi mundo,
pequeño, ambicioso.
Los problemas se esfuman,
y tú los acompañas,
haciendo de guía turístico.
Y tu mismo éxito es tu carrera,
del Fracaso.
En ese momento,
únicamente,
se te oye un ruidito ratonero,
que yo disfruto, con mi corazón en el pecho,
y me río y te miro sin miedo.
Inútil inutilidad, te vas solo a recitar
a Gil de Biedma.
Y nadie te escucha.