Grecia Fuentes
Poeta recién llegado
Sobre las oscuras aceras,
recorre un alma en su dilema,
ofreciendo un vistazo fugaz,
al regazo de un vagabundo.
Se pregunta si acaso el mundo,
menosprecia la soledad ajena,
mientras se envuelven en sus sábanas,
mientras se envuelven en su monotonía.
Es finita la bondad; infinita la escasez,
infinita como la incertidumbre,
infinita como la fría arrogancia,
de sus peones que se multiplican.
Dime alma disonante, ¿por qué los caminantes, parecen teatros vacíos?
y es tan solo un eco agudo y ligero,
lo que resuena dentro de sus paredes.
Los árboles nunca negaron su sombra;
ni a reyes, ni a ilotas, ni a rocas.
En cambio los hombres niegan
hasta su propia culpa, si esto les exime.
En el recorrido es solo un eco más,
quien se niega a aceptar su origen
y es entonces su egoísmo una mina,
en donde mueren hombres pobres.
recorre un alma en su dilema,
ofreciendo un vistazo fugaz,
al regazo de un vagabundo.
Se pregunta si acaso el mundo,
menosprecia la soledad ajena,
mientras se envuelven en sus sábanas,
mientras se envuelven en su monotonía.
Es finita la bondad; infinita la escasez,
infinita como la incertidumbre,
infinita como la fría arrogancia,
de sus peones que se multiplican.
Dime alma disonante, ¿por qué los caminantes, parecen teatros vacíos?
y es tan solo un eco agudo y ligero,
lo que resuena dentro de sus paredes.
Los árboles nunca negaron su sombra;
ni a reyes, ni a ilotas, ni a rocas.
En cambio los hombres niegan
hasta su propia culpa, si esto les exime.
En el recorrido es solo un eco más,
quien se niega a aceptar su origen
y es entonces su egoísmo una mina,
en donde mueren hombres pobres.