TEATRO DEL MUNDO. NO APTO PARA TODOS
(Una carcajada en homenaje a los tiempos que vivimos, producto del confinamiento...)
Diálogo irreverente entre ventanas al sol
las bocas que alumbran fuego
las manos que tejen insidias
las cabelleras doradas por el viento de poniente
Los tejados se iluminan con la alegría del baile
los danzones importados allende los mares
reinan en la placentera súplica que aroma estos tiempos duros
cómo pueden las almas tristes entonar versos nocturnos
Silencio de plazas viejas antañonas presencias del pasado
silencio tras las monjiles trazas de la piedra y de la ruina
silencio mientras pasan aquellos cuatro jinetes bandoleros de la vida
silencio que el alma tirita con el frío de sus muertos
Me acompaña mi cadáver ese que seré en adelante
transitamos las calles vacías procurando no pisar mis semejantes
es la supuración o el aire corrompido que nos dejaron
las alegrías pasadas como el carro medieval donde danzaban los muertos
Sentados mi cadáver y yo a la sombra del magnolio
escuchamos las risas protervas de borrachos que hacen coro deslucido
a las canciones violentas de la revolución en marcha
esa revolución eterna que nunca terminará en vida
Ahora ya lo sabemos
Tomemonos de las manos y escuchemos el plácido murmullo
del río que bajo el puente pasa y elijamos el suicidio
la salida del valiente la aceptación del fracaso
Ilust.: “El triunfo de la Muerte” Pieter Bruegel el Viejo. 1562.
(Una carcajada en homenaje a los tiempos que vivimos, producto del confinamiento...)
Diálogo irreverente entre ventanas al sol
las bocas que alumbran fuego
las manos que tejen insidias
las cabelleras doradas por el viento de poniente
Los tejados se iluminan con la alegría del baile
los danzones importados allende los mares
reinan en la placentera súplica que aroma estos tiempos duros
cómo pueden las almas tristes entonar versos nocturnos
Silencio de plazas viejas antañonas presencias del pasado
silencio tras las monjiles trazas de la piedra y de la ruina
silencio mientras pasan aquellos cuatro jinetes bandoleros de la vida
silencio que el alma tirita con el frío de sus muertos
Me acompaña mi cadáver ese que seré en adelante
transitamos las calles vacías procurando no pisar mis semejantes
es la supuración o el aire corrompido que nos dejaron
las alegrías pasadas como el carro medieval donde danzaban los muertos
Sentados mi cadáver y yo a la sombra del magnolio
escuchamos las risas protervas de borrachos que hacen coro deslucido
a las canciones violentas de la revolución en marcha
esa revolución eterna que nunca terminará en vida
Ahora ya lo sabemos
Tomemonos de las manos y escuchemos el plácido murmullo
del río que bajo el puente pasa y elijamos el suicidio
la salida del valiente la aceptación del fracaso
Ilust.: “El triunfo de la Muerte” Pieter Bruegel el Viejo. 1562.
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