Lírico.
Exp..
Otros tiempos
A veces pensamos
en la maldad
como algo abstracto,
casi un espíritu
que pulula por la tierra
cometiendo
desde simples fechorías
hasta inenarrables
aberraciones.
Pero la maldad
la he visto en cosas
muy concretas.
Una mirada asesina
en mitad de la calle.
Un niño intentando
ahogar a otro
por un juguete
o por celos.
Un tipo con corbata
que compra y vende
el futuro del mundo
como quien echa
una partida de tetris
desde su móvil.
La maldad me resulta
tan real y tangible,
que por tensión
de contrarios
me veo forzado
a creer ciegamente
en la bondad y la nobleza,
la mano tendida,
la puerta abierta,
la palabra justa,
eso que nuestros
abuelos llamaban
Dios.
A veces pensamos
en la maldad
como algo abstracto,
casi un espíritu
que pulula por la tierra
cometiendo
desde simples fechorías
hasta inenarrables
aberraciones.
Pero la maldad
la he visto en cosas
muy concretas.
Una mirada asesina
en mitad de la calle.
Un niño intentando
ahogar a otro
por un juguete
o por celos.
Un tipo con corbata
que compra y vende
el futuro del mundo
como quien echa
una partida de tetris
desde su móvil.
La maldad me resulta
tan real y tangible,
que por tensión
de contrarios
me veo forzado
a creer ciegamente
en la bondad y la nobleza,
la mano tendida,
la puerta abierta,
la palabra justa,
eso que nuestros
abuelos llamaban
Dios.
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