Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Escríbelo
para que lo beban los árboles vampiros
que se pasean por la noche.
Pero no hables de la noche:
redáctala con tinta invisible
hasta que se suicide de vergüenza por su recato.
Escribe lo que ahí esconde
cuando te falte el alma y te sobre selva
y los ecos se partan.
Es que me gusta la palabra naufragio
y la hincho de silicón
hasta que revienta mis ojos.
Desde mi charco de orines sin peces
le digo a la luna que me limpie los mocos;
pero esa hija de puta
no ha escuchado nunca a los perros flacos
ni a los hombres-lobo
ni a los poeta-astros.
Entonces digo al carajo
y me asumo satélite propio
y orbito los asientos de los bancos
vestido como un pingüino cualquiera
que no piensa en la extinción los viernes.
Pero me llega de lejos mi olor a pescado
y miro a la cajera con el tenedor
de mis dientes
y apuesto mis pocos pelos
a que ese hombre calvo
es un impostor de su paciencia.
Reincido.
Abierto me vierto en mi estatua
y salgo a flote en las calles de mis espejos.
Por elección o por destino,
alargo las notas para los árboles chupasangres
y espero en los mingitorios de mis ojeras
el acuse de recibo de las lunas alcahuetas.
Me arrimo y no rimo.
Me dicto y me borro.
Vivo dos veces mientras muero porque escribo.
para que lo beban los árboles vampiros
que se pasean por la noche.
Pero no hables de la noche:
redáctala con tinta invisible
hasta que se suicide de vergüenza por su recato.
Escribe lo que ahí esconde
cuando te falte el alma y te sobre selva
y los ecos se partan.
Es que me gusta la palabra naufragio
y la hincho de silicón
hasta que revienta mis ojos.
Desde mi charco de orines sin peces
le digo a la luna que me limpie los mocos;
pero esa hija de puta
no ha escuchado nunca a los perros flacos
ni a los hombres-lobo
ni a los poeta-astros.
Entonces digo al carajo
y me asumo satélite propio
y orbito los asientos de los bancos
vestido como un pingüino cualquiera
que no piensa en la extinción los viernes.
Pero me llega de lejos mi olor a pescado
y miro a la cajera con el tenedor
de mis dientes
y apuesto mis pocos pelos
a que ese hombre calvo
es un impostor de su paciencia.
Reincido.
Abierto me vierto en mi estatua
y salgo a flote en las calles de mis espejos.
Por elección o por destino,
alargo las notas para los árboles chupasangres
y espero en los mingitorios de mis ojeras
el acuse de recibo de las lunas alcahuetas.
Me arrimo y no rimo.
Me dicto y me borro.
Vivo dos veces mientras muero porque escribo.
16 de marzo de 2019
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