Las gotas salpicando la mañana
amanecen mi día algo mojado,
ocultando su rostro enamorado
el agua se resbala en mi ventana.
Me mira entre las nubes asombrado
sin dar crédito al juego del destino
que al no pintar su viso coralino
lo ha dejado tan triste y tan callado.
Y no es que nuestro sol sea mezquino,
es solo que le gusta la pradera
y él odia no poder estar afuera
jugando con las flores del camino.
En este contratiempo matutino
las hojas del rocío se empapaban
alegres entre ellas se jugaban
con su lindo color verde brillante
que hacía el paisaje extravagante
y sus verdes y grises ofrendaban.
Ana Mercedes Villalobos