Preámbulo
La bruma en estas cuatro
paredes arañan la soledad
de su tiempo vencido,
cual dolor incrustado
en el límite izquierdo
que sonríe con su mueca floja
en el renglón de los instantes;
allí, en la paradoja,
en el temblor resultante
de mis abismos.
Socorre el hambre de sernos
al borde de un deseo febril,
silencioso y crepitante
a la distancia de las horas.
El reloj sucumbe como caída
a la intemperie de mis nombres,
que estallan al reflejo pretérito del espejo…
La bruma en estas cuatro
paredes arañan la soledad
de su tiempo vencido,
cual dolor incrustado
en el límite izquierdo
que sonríe con su mueca floja
en el renglón de los instantes;
allí, en la paradoja,
en el temblor resultante
de mis abismos.
Socorre el hambre de sernos
al borde de un deseo febril,
silencioso y crepitante
a la distancia de las horas.
El reloj sucumbe como caída
a la intemperie de mis nombres,
que estallan al reflejo pretérito del espejo…
Última edición: