Detengo mi cansancio
a la espera de un tiempo,
y es que ya mi alma
se resiste al cautiverio.
Es como un juego entre
mis días y mis hambres,
mis sueños y mis abandonos,
nos perseguimos hasta quedarnos
sin aliento, pero todos perdemos.
Aquí en este mar
inmenso los engaño.
Es en la infinitud del paisaje
donde saboreo el silencio,
mis manos frías, inertes,
yacen vacías, no saben ya
del calor de tu cuerpo.
Y hasta mis ojos, perdidos
en la oscuridad donde reposan su vuelo,
se declaran inocentes de nosotros.
Ana Mercedes Villalobos