Nommo
Poeta veterano en el portal
Ésta
es la historia
de una fiesta que ocurría,
mientras la gente, en sus casas,
preparaba el almuerzo,
pocas horas después
del medio-día.
Don Pepito
se aproximaba a la taberna,
entre Ginebra y Berna,
o entre Estocolmo y Oslo.
Quizá, entre San Petersburgo,
otrora Leningrado, y Vladivostok.
La verdad es que no me acuerdo.
Total, que don Alfredo,
pues así se llamaba,
si sentía mucho frío,
bien abrigado iba dentro
de un tren hacia Siberia,
cuando, de repente,
como por arte de Magia,
en el vagón donde leía
una novela de Fédor Dostoievski,
¡ Unas mujeres lindas
y hermosas, empezaron a cantar !
Es decir que le auparon,
entre sonrisas,
por encima de la cornisa,
del edificio, que, reitero,
es de arquitectura locomotora,
como una locomotora de vapor.
Y allí, como en la India,
por encima de un techo,
resbaladizo, sin embargo,
que daba bastante Respeto,
nuestro intrépido gañán,
o sea, capataz de finca rústica,
oriúndo de Bakú,
en Azerbayán, ¡ Jugó
al Ajedrez contra una húngara !
Que respondía al nombre
de Susan Polgar.
Y, aunque fue derrotado,
bajo los túneles,
la besó.
Colorín, colorado,
en el Gran Cañón
del Colorado, este cuento
no ha acabado; sino
que termina donde
el Doctor Zhivago,
a la sazón, Omar Shariff,
degusta una papa asada,
a sabiendas de que el gitano,
sin ser mongol, ni otomano,
ni tártaro ni vietkong,
aún así...
Oye, el gitano doma los potros.
es la historia
de una fiesta que ocurría,
mientras la gente, en sus casas,
preparaba el almuerzo,
pocas horas después
del medio-día.
Don Pepito
se aproximaba a la taberna,
entre Ginebra y Berna,
o entre Estocolmo y Oslo.
Quizá, entre San Petersburgo,
otrora Leningrado, y Vladivostok.
La verdad es que no me acuerdo.
Total, que don Alfredo,
pues así se llamaba,
si sentía mucho frío,
bien abrigado iba dentro
de un tren hacia Siberia,
cuando, de repente,
como por arte de Magia,
en el vagón donde leía
una novela de Fédor Dostoievski,
¡ Unas mujeres lindas
y hermosas, empezaron a cantar !
Es decir que le auparon,
entre sonrisas,
por encima de la cornisa,
del edificio, que, reitero,
es de arquitectura locomotora,
como una locomotora de vapor.
Y allí, como en la India,
por encima de un techo,
resbaladizo, sin embargo,
que daba bastante Respeto,
nuestro intrépido gañán,
o sea, capataz de finca rústica,
oriúndo de Bakú,
en Azerbayán, ¡ Jugó
al Ajedrez contra una húngara !
Que respondía al nombre
de Susan Polgar.
Y, aunque fue derrotado,
bajo los túneles,
la besó.
Colorín, colorado,
en el Gran Cañón
del Colorado, este cuento
no ha acabado; sino
que termina donde
el Doctor Zhivago,
a la sazón, Omar Shariff,
degusta una papa asada,
a sabiendas de que el gitano,
sin ser mongol, ni otomano,
ni tártaro ni vietkong,
aún así...
Oye, el gitano doma los potros.
Última edición: