Hubo un silencio,
una súbita fatiga que me trajo el hastío,
una fuerza inexplicable
que me condujo al olvido de tu boca,
de tus besos, de ti.
Cuando las pieles pierden su magia,
no hay tormenta en el deseo,
ni versos en la quietud de la noche,
la ausencia se hace infinita.
Y nos habita el miedo de vivir desnudos
abrasados de esa sed inagotable de labios,
sin un amanecer que compartir,
sin escuchar la canción del alba
que acompañe la soledad,
esta soledad de estar sola sin mí,
sola sin ti.
Ana Mercedes Villalobos
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