Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te noto en silencio
como una vela apagada
volcán extinto en la nieve
un murmullo entre olas
Te veo distante, tan distante
que ya no te veo, ni siento.
Una gota ahogada en el mar
una perla perdida en la arena
Éramos fulgor de verano,
solsticios pululando en las
avenidas llenas de fuego
y metáforas de vida
Extraño tu primavera de vida
tu alegre tropel de mariposa
el correr de elefantes agitados
por tus venas de cerezas
Extraño tus peces de hierro
ardiendo las masas azules,
tus colibríes batiendo sus alas
metálicas incansables
Y que decir del sonido abrumador
de los tambores celestiales
hechos por los latidos guturales
salidos de las alas de ícaros
Te veo envuelta en luto
sin toros en las arenas
sin gallos con espuelas
sin góndolas ni Venecia
Cuánto extraño a Aznavour
reunido con Edith
han de estar cantando
Non, Je ne regrette rien
Sumerja en el letargo,
embriagada de temores
olvidas a tus hijos
escondidos hoy del sol
Las flores extrañan las narices
como extrañan el maíz
las palomas y los perdices
a falta de quién las mire
Tanto he dicho que te extraño
que ya me acostumbro
a extrañarte. Y, quizás y, quién sabe
tu silencio sea una nueva forma de vida
como una vela apagada
volcán extinto en la nieve
un murmullo entre olas
Te veo distante, tan distante
que ya no te veo, ni siento.
Una gota ahogada en el mar
una perla perdida en la arena
Éramos fulgor de verano,
solsticios pululando en las
avenidas llenas de fuego
y metáforas de vida
Extraño tu primavera de vida
tu alegre tropel de mariposa
el correr de elefantes agitados
por tus venas de cerezas
Extraño tus peces de hierro
ardiendo las masas azules,
tus colibríes batiendo sus alas
metálicas incansables
Y que decir del sonido abrumador
de los tambores celestiales
hechos por los latidos guturales
salidos de las alas de ícaros
Te veo envuelta en luto
sin toros en las arenas
sin gallos con espuelas
sin góndolas ni Venecia
Cuánto extraño a Aznavour
reunido con Edith
han de estar cantando
Non, Je ne regrette rien
Sumerja en el letargo,
embriagada de temores
olvidas a tus hijos
escondidos hoy del sol
Las flores extrañan las narices
como extrañan el maíz
las palomas y los perdices
a falta de quién las mire
Tanto he dicho que te extraño
que ya me acostumbro
a extrañarte. Y, quizás y, quién sabe
tu silencio sea una nueva forma de vida
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