En algún lugar

gilbran

Ernesto Salgari
Entre las apretadas escalinatas

de los templos

se quedaron las voces

del ayer y hoy,

queriendo ser el eco celestial

que pregonaron

los iluminados ancestros

sentados a la sombra

del árbol del bien y del mal.

Nunca hablaron

del azar y la fortuna

deambulando furtivas

entre una multitud colérica

codiciosa

y desbordantes anhelos;

siempre expectantes

ante cada prodigio,

venerando genios,

develando misterios.


Menos precavido,

descuidado,

lo que amamos

pasó a ser parte de las mercancías

menos preciadas,

sello innecesario

en toda célula humana.


Dando tumbos,

entre egoísmos

y el idiota discurso

de los mismos de siempre,

nos quedamos

con lo que hubiese

al alcance de la mano,

acaso de la mirada.


¡Triste el Alma!

Que no advierta ni guarde para sí,

sin importar,

lo que el tiempo trame

aquello que un día,

te hizo arder en amor e inocencia,

cuando el tiempo era tuyo

y no una aritmética ficción.

Eternos,

en algún lugar

nuestros recuerdos.
 
Última edición:
Entre las apretadas escalinatas

de los templos

se quedaron las voces

del ayer y hoy,

queriendo ser el eco celestial

que pregonaron

los iluminados ancestros

sentados a la sombra

del árbol del bien y del mal.

Nunca hablaron

del azar y la fortuna

deambulando furtivas

entre una multitud colérica

codiciosa

y desbordantes anhelos;

siempre expectantes

ante cada prodigio,

venerando genios,

develando misterios.


Menos precavido,

descuidado,

lo que amamos

pasó a ser parte de las mercancías

menos preciadas,

sello innecesario

en toda célula humana.


Dando tumbos,

entre egoísmos

y el idiota discurso

de los mismos de siempre,

nos quedamos

con lo que hubiese

al alcance de la mano,

acaso de la mirada.


¡Triste el Alma!

Que no advierta ni guarde para sí,

sin importar,

lo que el tiempo trame

aquello que un día,

te hizo arder en amor e inocencia,

cuando el tiempo era tuyo

y no una aritmética ficción.

Eternos,

en algún lugar

ee nuestros recuerdos.
Hay tantas palabras dichas con convicción y que luego, con el correr de los años, se marchitan y se desvanecen con apenas un soplo de viento. Un abrazo, gilbran.
 
Así es...estimado amigo,es propio de nuestro devenir humano...agradezco la amabilidad de detenerte en mis letras...un gran abrazo desde la distancia terrenal, más no desde la cercanía de las emociones...te agradezco una vez más.
 

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