¿Por qué insisten en rozar sus labios
al escupir las rojas lentejuelas?
¿Por qué querrían reposar agravios
en los surcos de uñas paralelas?
La sangre y el sudor dejan resabios.
La carne retorcida escarapelas.
Truenan huesos de tontos como sabios
por cada vez que giro manivelas.
Tan inimaginables, no descritos,
impresos tan antiguos como el miedo
Perder fe y razón, sus nuevos ritos.
Las voces interiores desenredo.
Las súplicas se ahogan en los gritos.
Prolongar agonías es mi credo.