Sorprenden en mi noche los anhelos,
pintándose de azul sobre la nada
y allí donde se aloja tu mirada
voy saciando de sueños mis desvelos.
Desnudo uno por uno mis recelos,
asiento en tus pupilas mi morada
y en la emoción que anuncia tu llegada
se tornan en calor mis desconsuelos.
Qué dulce es terminar la travesía
entre esta sed quemándome la boca
y desandar los días para verte,
apagando en tus labios la sequía
que agrietaba mi piel, hiriente broca,
con mi cuerpo temblando de quererte.
Ana Mercedes Villalobos
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