Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Anoche, justo en el momento en que todo calla, pensé en tus pies descalzos, en una taza de café humeante, en tu ausencia, y en tus cabellos enredados en mis dedos. Imaginé que debería cambiar el piso de madera por alfombra, pero entonces el frío del piso no atraparía tus pies descalzos ni subiría a hurtadillas por tus piernas y me perdería la imagen de los vellos de tu piel erizándose, la contracción de tu vientre y tus pezones duros y dulces como nuez de castilla,
quise dejar por un momento a las figuras que se adivinan en el techo y levantarme a preparar una taza de café para mirarte en el serpentín del vapor y aroma que casi siempre forma tu figura y tu esencia, pero entonces, tal vez no tuviera suerte y la aparición de tu imagen se difuminaría al primer suspiro y aunque entrarías al lugar seguro que te guardo en mis pulmones, solo quedaría el amargo sabor del café y de tu abandono.
Me puse a pensar que a ésta hora en que los fantasma duermen, el silencio que llega de la calle me abruma, y el de la cama, sin los acordes de tu respiración, acribilla mis oídos. Sin embargo, la claridad de tus recuerdos que me hablan de aquello que fue nuestro y de lo bien que en estos momentos nos haría una caminata por mis calles; de lo lindo que sería llegar y sentarnos en la banca del parque en frente de la fuente a tomarnos de la mano y mirarnos fijamente como si el acecho del amanecer con su estruendo no fuera cierto, me hacen sentir que puedo manejar mis sueños y en ellos te quedas hasta la noche siguiente, hasta el siguiente insomnio, en todos los sueños.
También pensé sobre lo difícil que es entenderse con el fiel de la balanza; con la oscuridad profunda donde no se mira nada y la luz del sol cuando lo miras de frente y a los ojos; en la verdad y en la mentira; en muestra intimidad y el revoltijo de tus gritos pidiendo a dios y mis sucias palabras; en lo buena que ha sido sin mi tu vida y en lo mucho que me quejo de la mía; en tu compañía y en la ausencia de tu pelo entre mis dedos; en la felicidad y el miedo; en lo fuerte que me hiciste y en la fragilidad que soy cuando el silencio de la noche me cobija con el ruido de ésta profunda nostalgia y los hubieras: Sin embargo, me he convencido que lo que vivimos juntos, fue lo justo para adivinarte siempre en cada conticinio.
Due 19/05/2020 en una tarde en la que mi imaginación a ido hasta su piel y ha regresado cargada de su aroma.
quise dejar por un momento a las figuras que se adivinan en el techo y levantarme a preparar una taza de café para mirarte en el serpentín del vapor y aroma que casi siempre forma tu figura y tu esencia, pero entonces, tal vez no tuviera suerte y la aparición de tu imagen se difuminaría al primer suspiro y aunque entrarías al lugar seguro que te guardo en mis pulmones, solo quedaría el amargo sabor del café y de tu abandono.
Me puse a pensar que a ésta hora en que los fantasma duermen, el silencio que llega de la calle me abruma, y el de la cama, sin los acordes de tu respiración, acribilla mis oídos. Sin embargo, la claridad de tus recuerdos que me hablan de aquello que fue nuestro y de lo bien que en estos momentos nos haría una caminata por mis calles; de lo lindo que sería llegar y sentarnos en la banca del parque en frente de la fuente a tomarnos de la mano y mirarnos fijamente como si el acecho del amanecer con su estruendo no fuera cierto, me hacen sentir que puedo manejar mis sueños y en ellos te quedas hasta la noche siguiente, hasta el siguiente insomnio, en todos los sueños.
También pensé sobre lo difícil que es entenderse con el fiel de la balanza; con la oscuridad profunda donde no se mira nada y la luz del sol cuando lo miras de frente y a los ojos; en la verdad y en la mentira; en muestra intimidad y el revoltijo de tus gritos pidiendo a dios y mis sucias palabras; en lo buena que ha sido sin mi tu vida y en lo mucho que me quejo de la mía; en tu compañía y en la ausencia de tu pelo entre mis dedos; en la felicidad y el miedo; en lo fuerte que me hiciste y en la fragilidad que soy cuando el silencio de la noche me cobija con el ruido de ésta profunda nostalgia y los hubieras: Sin embargo, me he convencido que lo que vivimos juntos, fue lo justo para adivinarte siempre en cada conticinio.
Due 19/05/2020 en una tarde en la que mi imaginación a ido hasta su piel y ha regresado cargada de su aroma.
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