E
eunice salvaje
Invitado
Estoy muy ocupada quitando los gorgojos del frijol,
son muy nutritivos y te vuelven persona grata
entre las mujeres que sufren tras del comal.
Allá aun lado del matorral,
estamos muy ocupadas separando en la criba
o llorando bajo el algodón,
porque es el único lugar donde se llora,
pues absorbe en su mata y pesa mas.
Muy temprano en la mañana lavo las ubres para ordeñar
y despues hago el queso y pongo el frijol,
diez hijos se asoman hambrientos
brincando como chapulines
generosos de risas y choquiles,
mis niños nacidos en la ausencia y el tesón,
mi pasaporte a los sueños,
los mandaré muy lejos para viajar con ellos
y podamos juntos renacer y volar,
hasta que se acabe el tiempo caminando ya sin pies,
ya sin hombros para llorar,
porque no hubo tiempo jamás,
para disfrutar lo que sobre el cuerpo sembré,
hijos de mi vida dura,
hijos que en la tierra sembré
para no poder llorarlos más,
porque no hubo tiempo,
la tortilla se quemaba en el comal,
y la casa se incendiaba quemando los recuerdos,
llevándose en el humo los restos de mi humanidad.
Eunice Salvaje.
son muy nutritivos y te vuelven persona grata
entre las mujeres que sufren tras del comal.
Allá aun lado del matorral,
estamos muy ocupadas separando en la criba
o llorando bajo el algodón,
porque es el único lugar donde se llora,
pues absorbe en su mata y pesa mas.
Muy temprano en la mañana lavo las ubres para ordeñar
y despues hago el queso y pongo el frijol,
diez hijos se asoman hambrientos
brincando como chapulines
generosos de risas y choquiles,
mis niños nacidos en la ausencia y el tesón,
mi pasaporte a los sueños,
los mandaré muy lejos para viajar con ellos
y podamos juntos renacer y volar,
hasta que se acabe el tiempo caminando ya sin pies,
ya sin hombros para llorar,
porque no hubo tiempo jamás,
para disfrutar lo que sobre el cuerpo sembré,
hijos de mi vida dura,
hijos que en la tierra sembré
para no poder llorarlos más,
porque no hubo tiempo,
la tortilla se quemaba en el comal,
y la casa se incendiaba quemando los recuerdos,
llevándose en el humo los restos de mi humanidad.
Eunice Salvaje.
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