Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Acomodo los pasos y cualquier viento los desordena,
pero eso no es lo que me preocupa:
sé que tarde o temprano he de llegar.
Le he disparado al cartero, pero no estoy conforme.
Mi Cadáver aún no se ha comunicado conmigo.
Hace medio año que Laura me dejó
y medio año hace que dejé a Laura.
Y mi Cadáver aún no me ha escrito. Es muy raro.
Entiendo que nuestra estrecha relación se enfriara:
dejé de prestarle atención suficiente,
me olvidé de los detalles que le tenía,
agradecerle por todo lo que me dada.
Di por hecho que él sabía lo que estaba pasando,
a veces ha sido así: me voy por un tiempo
detrás de los ojos alguna leve muchacha
si considero que la situación así lo amerita;
pero más tardo en irme que en regresar a su lado
para reírnos juntos de estas tonterías.
Supongo que esta vez tardé demasiado.
Mi Cadáver gustaba de dictarme cosas ridículas
y yo gustaba bastante de escribirlas.
Han sido horas y años de burlarnos uno del otro:
me reía de su desesperación por tenerme
y él se reía mejor porque sabe que le pertenezco.
Supongo que esta vez tardé demasiado.
Afuera el clima era espléndido, había tanto sol en esa mirada,
que olvidé regresar a los libros,
a las paredes de espejo, a las cortinas de la pantalla.
Ni siquiera me di cuenta cuando mi Cadáver se marchó.
Se acerca el verano, la temporada de lluvias,
y él sigue sin aparecer. Nadie me trae noticias sobre su paradero.
Estoy triste, desde luego, pero es diferente
a esa tristeza que de pronto compartía con él:
no era una tristeza de algo, sino de nada o de todo.
Ha pasado por mi mente la idea de escribirle al Pasado,
pero lo nuestro tampoco terminó muy bien.
Estoy peleado con medio pueblo fantasma.
El Olvido de plano me eliminó de sus contactos.
Me queda Laura y esa mierda de seguir siendo amigos,
pero tanto la conozco que sé lo que me diría:
Eso que vivimos fue real y ahí no siempre se puede tener el control.
Duele porque está sanando. Se llama vida
y esa es a la que todos al final nos aferramos.
Eso diría ella, Laura, y el Cadáver se reiría de lo lindo.
Creo que yo no.
Quizás esta vez le daría la razón a Laura.
Son los pasos que el viento desordena,
los caminos que cambian…
Es mentira: no la conozco, no la comprendo,
pero supongo que Laura tendría razón, como siempre.
Quizás por eso estoy pensando en que si el Cadáver vuelve para la cena,
ya no sabría qué decirle.
Supongo que él también lo sabe y por eso me evita,
aunque seamos inevitables.
Nota:
Hay huevos revueltos y cerveza en el refrigerador,
sírvete si regresas antes que yo.
Fui a buscar a Mario, el cartero, para ofrecerle una disculpa.
pero eso no es lo que me preocupa:
sé que tarde o temprano he de llegar.
Le he disparado al cartero, pero no estoy conforme.
Mi Cadáver aún no se ha comunicado conmigo.
Hace medio año que Laura me dejó
y medio año hace que dejé a Laura.
Y mi Cadáver aún no me ha escrito. Es muy raro.
Entiendo que nuestra estrecha relación se enfriara:
dejé de prestarle atención suficiente,
me olvidé de los detalles que le tenía,
agradecerle por todo lo que me dada.
Di por hecho que él sabía lo que estaba pasando,
a veces ha sido así: me voy por un tiempo
detrás de los ojos alguna leve muchacha
si considero que la situación así lo amerita;
pero más tardo en irme que en regresar a su lado
para reírnos juntos de estas tonterías.
Supongo que esta vez tardé demasiado.
Mi Cadáver gustaba de dictarme cosas ridículas
y yo gustaba bastante de escribirlas.
Han sido horas y años de burlarnos uno del otro:
me reía de su desesperación por tenerme
y él se reía mejor porque sabe que le pertenezco.
Supongo que esta vez tardé demasiado.
Afuera el clima era espléndido, había tanto sol en esa mirada,
que olvidé regresar a los libros,
a las paredes de espejo, a las cortinas de la pantalla.
Ni siquiera me di cuenta cuando mi Cadáver se marchó.
Se acerca el verano, la temporada de lluvias,
y él sigue sin aparecer. Nadie me trae noticias sobre su paradero.
Estoy triste, desde luego, pero es diferente
a esa tristeza que de pronto compartía con él:
no era una tristeza de algo, sino de nada o de todo.
Ha pasado por mi mente la idea de escribirle al Pasado,
pero lo nuestro tampoco terminó muy bien.
Estoy peleado con medio pueblo fantasma.
El Olvido de plano me eliminó de sus contactos.
Me queda Laura y esa mierda de seguir siendo amigos,
pero tanto la conozco que sé lo que me diría:
Eso que vivimos fue real y ahí no siempre se puede tener el control.
Duele porque está sanando. Se llama vida
y esa es a la que todos al final nos aferramos.
Eso diría ella, Laura, y el Cadáver se reiría de lo lindo.
Creo que yo no.
Quizás esta vez le daría la razón a Laura.
Son los pasos que el viento desordena,
los caminos que cambian…
Es mentira: no la conozco, no la comprendo,
pero supongo que Laura tendría razón, como siempre.
Quizás por eso estoy pensando en que si el Cadáver vuelve para la cena,
ya no sabría qué decirle.
Supongo que él también lo sabe y por eso me evita,
aunque seamos inevitables.
Nota:
Hay huevos revueltos y cerveza en el refrigerador,
sírvete si regresas antes que yo.
Fui a buscar a Mario, el cartero, para ofrecerle una disculpa.
11 de junio de 2020
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