De pronto despertó, un duro silencio lo golpeo, avisándole el inicio de un nuevo día. Una hinchada mañana de tristeza, le acompañó mientras cogía ánimos para levantarse de la cama. Pensó lo que haría el resto del día. Su crónica apatía no lo dejaba en paz. Se miró al espejo y pudo ver los años transcurridos en su rostro. ¿Será para tanto? Se pregunto. Otra vez le dolía la cabeza. Divisaba su cuarto vacío. Era el imperio de la soledad y él, su súbdito. Cuánta pena hay en mi corazón. No sé si volveré a enamorarme. Ella se fue sin despedirse. Antes lo extrañaba mucho, pero el tiempo fue amainando la pena. ¿Seguirá siendo el silencio el testigo de este vacío? ¿Cuánto hay de destino lo que vivo hoy? Miraré por la ventana y buscaré respuestas. Un hombre tan joven como yo no puede hundirse así. Tanta soledad acumulada me ha hecho más perspicaz. Ahora y sólo ahora, soy capaz de ver con claridad, los pasos a seguir. No hay destino más que aquel que viniese de mis propias decisiones. No hay temor al futuro, sólo esperanza. La vida es la acumulación de decisiones, buenas o malas, y es un viaje donde todo los días se aprende algo nuevo.