La marea del día a día
agita mi cuerpo
como si de basura arrojada al mar se tratara.
Pero las olas
siempre limpian el agua.
Movimiento y quietud
se amasan amablemente
para que el corazón fermente
y quede limpio como el vino.
El suave perfume del tiempo
me acaricia,
ha dejado la piel suave
y el alma sosegada,
dando a los actos del día
el ritmo necesario
para saborear la presencia de las personas.
Es como contemplar el sol
cayendo despacito
detrás de las montaña.
agita mi cuerpo
como si de basura arrojada al mar se tratara.
Pero las olas
siempre limpian el agua.
Movimiento y quietud
se amasan amablemente
para que el corazón fermente
y quede limpio como el vino.
El suave perfume del tiempo
me acaricia,
ha dejado la piel suave
y el alma sosegada,
dando a los actos del día
el ritmo necesario
para saborear la presencia de las personas.
Es como contemplar el sol
cayendo despacito
detrás de las montaña.