Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Tú, que aún guardas las madejas del amanecer
que enhebraron en tu labios la sonrisa
que aún dura más que el sol
e ilumina más que los cristales de la noche;
tú, la de los ojos con estatura estelar
y mirada desanclada por su calidad de viento
y su intensidad de aroma;
tú, que no has desperdiciado ninguno de tus latidos
porque son el basamento de la flor perenne
que se viste de ti para darse a la primavera;
tú, que todavía tienes el corazón fresco de marzo
y sabes de la vida y otros prodigios,
pide al tiempo que vuelva*.
Pide al tiempo que vuelva,
que me restaure el nido de horizontes en los brazos
para poder abrazarte como antes,
con todo el cielo y la promesa de lluvia
que me mojaba el rostro de felicidad
tan solo con imaginarte
y deshojar en secreto tu nombre de cauce abierto
como los lirios, como la esperanza;
que regurgite de sus entrañas de ausencia
mi fe testaruda de los diecisiete,
que no pida explicación para el milagro
de tu rostro como ventana al universo
sobre el muro de una soledad constelada;
que me devuelva tus ojos
de mil novecientos noventa y nueve,
los que me miraron por vez primera y para siempre,
los que me enseñaron a mirarte.
Pide al tiempo que vuelva,
pide a la manecilla que busque su origen
de manantial y de arena en la caricia
que nunca renunció a realizarse en nuestras manos,
aunque a las manos se las comió un adiós temprano;
pide al tic-tac la paz de entonces,
cuando amarte era el más fácil oficio de las palabras,
cuando sucedías en la primera clase
y no desaparecías cuando los párpados se cerraban;
pide al pasado que se contradiga,
que no nos asedie con sus máscaras de nadie,
que olvidé los lugares donde no estuvimos,
que se trague su píldora de rencor
y nos deje regresar a donde nos interrumpimos.
Ahora que nos buscamos la boca en las cenizas,
que somos un beso inabarcable y misterioso,
que nos pusimos la misma piel en el cuerpo,
que lloramos la misma sal y el mismo miedo;
ahora que sé que nunca fuiste un imposible,
pide al tiempo que vuelva,
como tú volviste.
que enhebraron en tu labios la sonrisa
que aún dura más que el sol
e ilumina más que los cristales de la noche;
tú, la de los ojos con estatura estelar
y mirada desanclada por su calidad de viento
y su intensidad de aroma;
tú, que no has desperdiciado ninguno de tus latidos
porque son el basamento de la flor perenne
que se viste de ti para darse a la primavera;
tú, que todavía tienes el corazón fresco de marzo
y sabes de la vida y otros prodigios,
pide al tiempo que vuelva*.
Pide al tiempo que vuelva,
que me restaure el nido de horizontes en los brazos
para poder abrazarte como antes,
con todo el cielo y la promesa de lluvia
que me mojaba el rostro de felicidad
tan solo con imaginarte
y deshojar en secreto tu nombre de cauce abierto
como los lirios, como la esperanza;
que regurgite de sus entrañas de ausencia
mi fe testaruda de los diecisiete,
que no pida explicación para el milagro
de tu rostro como ventana al universo
sobre el muro de una soledad constelada;
que me devuelva tus ojos
de mil novecientos noventa y nueve,
los que me miraron por vez primera y para siempre,
los que me enseñaron a mirarte.
Pide al tiempo que vuelva,
pide a la manecilla que busque su origen
de manantial y de arena en la caricia
que nunca renunció a realizarse en nuestras manos,
aunque a las manos se las comió un adiós temprano;
pide al tic-tac la paz de entonces,
cuando amarte era el más fácil oficio de las palabras,
cuando sucedías en la primera clase
y no desaparecías cuando los párpados se cerraban;
pide al pasado que se contradiga,
que no nos asedie con sus máscaras de nadie,
que olvidé los lugares donde no estuvimos,
que se trague su píldora de rencor
y nos deje regresar a donde nos interrumpimos.
Ahora que nos buscamos la boca en las cenizas,
que somos un beso inabarcable y misterioso,
que nos pusimos la misma piel en el cuerpo,
que lloramos la misma sal y el mismo miedo;
ahora que sé que nunca fuiste un imposible,
pide al tiempo que vuelva,
como tú volviste.
24 de noviembre de 2017
* Pide al tiempo que vuelva es el título que en Hispanoamérica recibió la película de 1980 Somewhere in time, del director Jeannot Szwarc.
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