Imagen de mi autoría
De tanto andarla nombrando,
la muerte va y me convida:
su aliento sobre mi nuca,
al corazón su mordida.
Al llegar la madrugada
una sirena gemía:
la ciudad, como hechizada,
profundamente dormida,
parece vivir ajena
al miedo que me fustiga.
Una luz intermitente
va despejando la vía
y va dibujando sombras
amenazantes, sombrías.
Ángeles de batas blancas,
parece que se deslizan,
del duermevelas al sueño,
del sueño a la pesadilla.
Pareciera una tormenta
que el corazón no domina
y no encuentra la manera
de volver solo a la orilla.
Si he vuelto, será porque
debo algo mas a la vida
que el vuelo de una gaviota
envuelto en melancolía.
Azules, ay mis azules,
mares de mi fantasía,
amor de mi juventud,
aún te espero en la bahía.
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