Jesús B.Rodriguez Saludes
Poeta recién llegado
Inventor de Boleros
a G.C.I
Las olas golpean con ritmo bisiesto.
Más bien reverencian tus pies
salidos del arrecife.
El pantalón harapiento
a media rodilla,
la camisa anudada en el vientre:
estampa inexacta
del pescador matinal.
Es increíble. Tenaz
concebirte de esa manera
taladrando el vaivén de la espuma manchada,
la aglutinada cadencia de la sentina marina,
la niebla que se disipa con el ascenso del sol.
Musitas un texto inconexo,
irreverente, ¡de loco!,
que el viento arrebata y no deja escuchar.
A fuerza de escudriñar la palidez circundante
se te van apagando los ojos
desde sus cuencas vacías…
Ahora reposan, inermes, sobre el regazo tullido:
dos ángeles en desgracia
que han acabado de ver
la legendaria estación del relámpago
deslumbrando el roquerío,
los artificios de tu ciudad
encantada.
a G.C.I
Las olas golpean con ritmo bisiesto.
Más bien reverencian tus pies
salidos del arrecife.
El pantalón harapiento
a media rodilla,
la camisa anudada en el vientre:
estampa inexacta
del pescador matinal.
Es increíble. Tenaz
concebirte de esa manera
taladrando el vaivén de la espuma manchada,
la aglutinada cadencia de la sentina marina,
la niebla que se disipa con el ascenso del sol.
Musitas un texto inconexo,
irreverente, ¡de loco!,
que el viento arrebata y no deja escuchar.
A fuerza de escudriñar la palidez circundante
se te van apagando los ojos
desde sus cuencas vacías…
Ahora reposan, inermes, sobre el regazo tullido:
dos ángeles en desgracia
que han acabado de ver
la legendaria estación del relámpago
deslumbrando el roquerío,
los artificios de tu ciudad
encantada.