Te vas

penabad57

Poeta veterano en el portal
Me gustaría llamarte con el rocío en la boca.
Muy pronto, al alba, te vas, pesa el tiempo, pesa la noche.
Abril se desnuda como una niña alegre,
canta al trasluz, el color en tus cejas de arco iris,
tu sombra que acaricia una lluvia adolescente.
Mi habitación es un espejo de melancolía,
te vas entre olas ciegas, confundida con el mar,
tu anorak mojado, los botines rojos
y ese adiós, tan dulce, que despierta
a los pájaros del sueño.
 
Me gustaría llamarte con el rocío en la boca.
Muy pronto, al alba, te vas, pesa el tiempo, pesa la noche.
Abril se desnuda como una niña alegre,
canta al trasluz, el color en tus cejas de arco iris,
tu sombra que acaricia una lluvia adolescente.
Mi habitación es un espejo de melancolía,
te vas entre olas ciegas, confundida con el mar,
tu anorak mojado, los botines rojos
y ese adiós, tan dulce, que despierta
a los pájaros del sueño.
Así son las despedidas, traen consigo tristeza, aún sintiendo que el amor sigue vivo a pesar de que ya no está.

Saludos
 
Me gustaría llamarte con el rocío en la boca.
Muy pronto, al alba, te vas, pesa el tiempo, pesa la noche.
Abril se desnuda como una niña alegre,
canta al trasluz, el color en tus cejas de arco iris,
tu sombra que acaricia una lluvia adolescente.
Mi habitación es un espejo de melancolía,
te vas entre olas ciegas, confundida con el mar,
tu anorak mojado, los botines rojos
y ese adiós, tan dulce, que despierta
a los pájaros del sueño.
Interesante manera de volver hermosa la despedida: el amor permanece en la lluvia, el amanecer y los pequeños detalles. Aunque ella se va, su presencia sigue viva como un sueño dulce y melancólico. Muy bonito!
 
Las mujeres al despedirse parecen más hermosas. Por suerte en despedidas no definitivas ocurre el mismo fenómeno. Anorak, encantadora palabra.
 
Me gustaría llamarte con el rocío en la boca.
Muy pronto, al alba, te vas, pesa el tiempo, pesa la noche.
Abril se desnuda como una niña alegre,
canta al trasluz, el color en tus cejas de arco iris,
tu sombra que acaricia una lluvia adolescente.
Mi habitación es un espejo de melancolía,
te vas entre olas ciegas, confundida con el mar,
tu anorak mojado, los botines rojos
y ese adiós, tan dulce, que despierta
a los pájaros del sueño.
Amigo Ramón, me había perdido de este poena tan dulce como melancólico, y con tu inconfundible impronta.
Como siempre, es un placer leerte y saludarte.
 

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