MARYAGUILAR
Poeta recién llegado
La vida se vuelve tan aburrida a veces, a veces siento que quiero escapar.
A veces me despierto en las noches. Y esta noche yo solo me hallo escuchando esas canciones que te hacen llorar.
Yo, me dije: ¡ya, ya! se acabó el tiempo de las lágrimas.
Y sin avisar llegaste tú para escuchar mis penas y hacerme sentir acompañada.
Tú, ojitos verdes.
Me hiciste sentir que no estaba sola y que había algo especial en mí.
Te ganaste mi confianza y te apoderaste de mi tiempo.
Ya no quería dormir solo pensando en ti.
Te veía en el desayuno, aunque estaba sola en la mesa.
Tú lograste desnudarme como nadie lo hizo.
Y sentí de pronto que no había nada malo en mí.
La sensación que producías en mí era inexplicable.
Me hiciste sentir por primera vez el deseo de volar.
De empezar de nuevo.
Pero sentí miedo.
¿Sería esto real?
¿Me estaba enamorando, me estaba rindiendo ante ti?
Eras tan suculento, tan hermoso, inteligente y virtuoso.
De pronto me hallo agobiada con el pensamiento de dejarlo todo y estar a tu lado.
Pero este amor prohibido es.
Es prohibido, es platónico, es absurdo.
Así que aunque preparé mis maletas, el destino se encargó de separarnos.
Y yo no tuve opción que decir adiós.
¿Podríamos ser amigos?
¡Eso nunca! dijiste.
Y yo, decidida dije adiós.
Pero, luego...
En mi cama algo se liberó, era un llanto.
Como si hubiese muerto un ser muy amado.
Lloré durante tres días, y aunque me calmé el dolor no cesaba.
Yo quería estar a tu lado, pero era imposible.
Yo quería empezar una nueva vida contigo.
Quería creer que era verdadero.
Todos los días pensaba en ti.
Todos los días era tentada a escribirte.
Pero clamé al cielo y lloré y dije no... ¡No lo haré!
Sin embargo, un día fue inevitable.
Gobernada por el deseo atroz de estar a su lado, te escribí…
Un simple saludo, un saludo que encendió una hoguera.
Este impulso me hizo regresar.
Y no sé si fue lo mejor que me haya ocurrido o lo peor que jamás pensé.
Mis sentidos se alteraron.
Literalmente me sentía enferma.
Planeábamos sobre las nubes.
¡Eres un secreto!
Y ojalá te hubiese mantenido en secreto.
Tal vez estarías aquí conmigo aún.
Por en el intento de salvar esta vida ya muerta, esta historia ya seca te dije adiós una vez más.
¿Dos despedidas?
Si.
¿Dos ilusiones?
Si.
¿Dos minutos?
Si.
Que tonta y absurda me siento.
Yo, que siempre fui "sensata" me hallo actuando estúpidamente dominada por la lujuria o por el amor. Por el deseo y la pasión.
Y tú, que siempre fuiste tan dulce conmigo me lanzaste la puerta en la cara.
Y tus últimas palabras me hicieron sentir como la peor mujer sobre la faz de la tierra.
Una mujer que no tiene sentimientos.
Una mujer que no tiene corazón.
Me hiciste sentir falsa.
Me hiciste sentir que no fui nada para ti.
Aunque tal vez yo hice lo mismo cuando te dije adiós.
Ha pasado el tiempo y yo sigo aquí, eventualmente te recuerdo.
Ojitos verdes.
Tu nombre lo llevo grabado en mi alma.
No te he olvidado.
Aunque tal vez ya tú lo hiciste.
Mi corazón, aún no te ha borrado.
A veces me despierto en las noches. Y esta noche yo solo me hallo escuchando esas canciones que te hacen llorar.
Yo, me dije: ¡ya, ya! se acabó el tiempo de las lágrimas.
Y sin avisar llegaste tú para escuchar mis penas y hacerme sentir acompañada.
Tú, ojitos verdes.
Me hiciste sentir que no estaba sola y que había algo especial en mí.
Te ganaste mi confianza y te apoderaste de mi tiempo.
Ya no quería dormir solo pensando en ti.
Te veía en el desayuno, aunque estaba sola en la mesa.
Tú lograste desnudarme como nadie lo hizo.
Y sentí de pronto que no había nada malo en mí.
La sensación que producías en mí era inexplicable.
Me hiciste sentir por primera vez el deseo de volar.
De empezar de nuevo.
Pero sentí miedo.
¿Sería esto real?
¿Me estaba enamorando, me estaba rindiendo ante ti?
Eras tan suculento, tan hermoso, inteligente y virtuoso.
De pronto me hallo agobiada con el pensamiento de dejarlo todo y estar a tu lado.
Pero este amor prohibido es.
Es prohibido, es platónico, es absurdo.
Así que aunque preparé mis maletas, el destino se encargó de separarnos.
Y yo no tuve opción que decir adiós.
¿Podríamos ser amigos?
¡Eso nunca! dijiste.
Y yo, decidida dije adiós.
Pero, luego...
En mi cama algo se liberó, era un llanto.
Como si hubiese muerto un ser muy amado.
Lloré durante tres días, y aunque me calmé el dolor no cesaba.
Yo quería estar a tu lado, pero era imposible.
Yo quería empezar una nueva vida contigo.
Quería creer que era verdadero.
Todos los días pensaba en ti.
Todos los días era tentada a escribirte.
Pero clamé al cielo y lloré y dije no... ¡No lo haré!
Sin embargo, un día fue inevitable.
Gobernada por el deseo atroz de estar a su lado, te escribí…
Un simple saludo, un saludo que encendió una hoguera.
Este impulso me hizo regresar.
Y no sé si fue lo mejor que me haya ocurrido o lo peor que jamás pensé.
Mis sentidos se alteraron.
Literalmente me sentía enferma.
Planeábamos sobre las nubes.
¡Eres un secreto!
Y ojalá te hubiese mantenido en secreto.
Tal vez estarías aquí conmigo aún.
Por en el intento de salvar esta vida ya muerta, esta historia ya seca te dije adiós una vez más.
¿Dos despedidas?
Si.
¿Dos ilusiones?
Si.
¿Dos minutos?
Si.
Que tonta y absurda me siento.
Yo, que siempre fui "sensata" me hallo actuando estúpidamente dominada por la lujuria o por el amor. Por el deseo y la pasión.
Y tú, que siempre fuiste tan dulce conmigo me lanzaste la puerta en la cara.
Y tus últimas palabras me hicieron sentir como la peor mujer sobre la faz de la tierra.
Una mujer que no tiene sentimientos.
Una mujer que no tiene corazón.
Me hiciste sentir falsa.
Me hiciste sentir que no fui nada para ti.
Aunque tal vez yo hice lo mismo cuando te dije adiós.
Ha pasado el tiempo y yo sigo aquí, eventualmente te recuerdo.
Ojitos verdes.
Tu nombre lo llevo grabado en mi alma.
No te he olvidado.
Aunque tal vez ya tú lo hiciste.
Mi corazón, aún no te ha borrado.
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