Gonvedo
Poeta asiduo al portal
No dejes que el cielo nos sueñe todavía,
que escriba con mano presurosa nuestros nombres.
Deja antes que el tiempo se despoje de su enigma,
que el silencio temple la huella de tanto mar suspirado.
Deja en mí tu tristeza,
la orfandad de tu cuerpo sin edad ni signo,
ese desorden que te habita extramuros.
Ahora imagina que sobre tu piel
el viento traza una serena luz de atardeceres,
un sendero donde la sangre destella en extenuante latido.
Tú que supiste del amor por los delicados bordes de su herida,
acaso te preguntes por qué aquel se demora sobre esta vértebra dormida.
que escriba con mano presurosa nuestros nombres.
Deja antes que el tiempo se despoje de su enigma,
que el silencio temple la huella de tanto mar suspirado.
Deja en mí tu tristeza,
la orfandad de tu cuerpo sin edad ni signo,
ese desorden que te habita extramuros.
Ahora imagina que sobre tu piel
el viento traza una serena luz de atardeceres,
un sendero donde la sangre destella en extenuante latido.
Tú que supiste del amor por los delicados bordes de su herida,
acaso te preguntes por qué aquel se demora sobre esta vértebra dormida.