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del vicio prostibulario

licprof

Poeta fiel al portal
durante la consabida cuarentena, condenado a la soledad màs extrema
habìa sido atrapado por el vicio de la prostituciòn: un vicio caro y peligroso
que ponìa en serio riesgo mis ya agotadas finanzas: no podìa controlarme: una vez por semana
harto de la televisiòn, de leer libracos, del ejercicio fìsico y de la masturbaciòn sistemàtica,
como un poseso me ponìa a observar pàginas de prostitutas jòvenes y no tanto,
en busca de una dama que accediera a mis màs oscuros y viscosos deseos
a cambio de un precio cierto en dinero màs o menos razonable


en lugar de servir a una causa idealista y polìtica
o a sociedades de beneficencia y caridad,
me revolcaba entre las sàbanas a todas horas del dìa
con una señorita joven, desnuda y desconocida
y cabalgàbamos peligrosamente juntos en busca de extrañas sustancias
entre sonrisas y gemidos obscenos


en la penumbra refulgìan los 2 cuerpos desnudos
buscando el orgasmo màs sabroso
o conversando de cosas banales y pasadas
mientras en todas partes acechaba la muerte màs insidiosa


al sonar la hora o incluso algo antes
las damas partìan como habìan venido
dejàndome otra vez en la soledad màs constante
la cabeza entre las manos


poco despuès volvìa a enviar mensajes hacia los 4 vientos
en busca de otra desconocida
a los efectos de lanzar un rayo viscoso
y luego intercambiar algunas palabras
en una especie de conversaciòn màs parecida a un monòlogo o dos


luego de un tiempo, el dineral gastado comenzaba a roerme las entrañas por el remordimiento
pues los gastos se iban acumulando desaprensivamente:
indudablemente, debìa dejar la prostituciòn asì como habìa dejado el cigarrillo
y los kioscos de golosinas: ahora
debìa dejar estùpidamente de estudiar las pàginas de rameras
que se contorsionaban en extrañas posiciones vagamente sexuales
con el objeto de seducir a los incautos y curiosos onanistas:
ello para no hablar de los ladrones y otros delincuentes que investigaban
donde meterse durante las noches o el dìa incluso, en virtud de ciertos ardides o estratagemas defraudatorias
por lo cual no serìa raro estemos en presencia de un complot de ladrones, policìas y cortesanas


eso no es todo: cabe agregar toda clase de enfermedades viròsicas o infectocontagiosas
que nos situaban al borde de la muerte: sin saberlo:
la concurrencia a bailes estaba sabiamente prohibida
mientras sonaba Chopin
 
durante la consabida cuarentena, condenado a la soledad màs extrema
habìa sido atrapado por el vicio de la prostituciòn: un vicio caro y peligroso
que ponìa en serio riesgo mis ya agotadas finanzas: no podìa controlarme: una vez por semana
harto de la televisiòn, de leer libracos, del ejercicio fìsico y de la masturbaciòn sistemàtica,
como un poseso me ponìa a observar pàginas de prostitutas jòvenes y no tanto,
en busca de una dama que accediera a mis màs oscuros y viscosos deseos
a cambio de un precio cierto en dinero màs o menos razonable



en lugar de servir a una causa idealista y polìtica
o a sociedades de beneficencia y caridad,
me revolcaba entre las sàbanas a todas horas del dìa
con una señorita joven, desnuda y desconocida
y cabalgàbamos peligrosamente juntos en busca de extrañas sustancias
entre sonrisas y gemidos obscenos



en la penumbra refulgìan los 2 cuerpos desnudos
buscando el orgasmo màs sabroso
o conversando de cosas banales y pasadas
mientras en todas partes acechaba la muerte màs insidiosa



al sonar la hora o incluso algo antes
las damas partìan como habìan venido
dejàndome otra vez en la soledad màs constante
la cabeza entre las manos



poco despuès volvìa a enviar mensajes hacia los 4 vientos
en busca de otra desconocida
a los efectos de lanzar un rayo viscoso
y luego intercambiar algunas palabras
en una especie de conversaciòn màs parecida a un monòlogo o dos



luego de un tiempo, el dineral gastado comenzaba a roerme las entrañas por el remordimiento
pues los gastos se iban acumulando desaprensivamente:
indudablemente, debìa dejar la prostituciòn asì como habìa dejado el cigarrillo
y los kioscos de golosinas: ahora
debìa dejar estùpidamente de estudiar las pàginas de rameras
que se contorsionaban en extrañas posiciones vagamente sexuales
con el objeto de seducir a los incautos y curiosos onanistas:
ello para no hablar de los ladrones y otros delincuentes que investigaban
donde meterse durante las noches o el dìa incluso, en virtud de ciertos ardides o estratagemas defraudatorias
por lo cual no serìa raro estemos en presencia de un complot de ladrones, policìas y cortesanas



eso no es todo: cabe agregar toda clase de enfermedades viròsicas o infectocontagiosas
que nos situaban al borde de la muerte: sin saberlo:
la concurrencia a bailes estaba sabiamente prohibida
mientras sonaba Chopin
hay tantos vicios en el mundo; que serían los hombres sin los vicios... sin las putas, sin la literatura realista, sin la sangre... en fin somos adictos al dolor... pero claro que el dolor es necesario.
buenas líneas...

salu2.
 

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