César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se quiebran en agujas gotas gruesas
contra el cristal que indiferente las detiene
y un frenético batir de aspas se lleva
al aire así,
hasta rincones donde solo moran nadas.
Llueve a penas.
(Carajo, son las seis con diecisiete de la tarde)
Ya se encienden las hornillas en las casas
ya murieron los cerdos, la sal y las gallinas
como mueren estas gotas estrelladas
contra las indiferencias de la vida.
Licor, piedad… ¡Necesito licor para lavar mis versos!
Antes de que ya no sea lluvia, ni desnuda noche,
sino dolor agudo y desquiciado de pasitas
con almendras.
Dos piernas entre las que pueda hundirme lento
inevitablemente, urgente, blanco-gris. Demente.
Licor ¡Grito LICOR, por aquello que más quieran!
Agua donde degollar –sin cobardía- estos poemas.
contra el cristal que indiferente las detiene
y un frenético batir de aspas se lleva
al aire así,
hasta rincones donde solo moran nadas.
Llueve a penas.
(Carajo, son las seis con diecisiete de la tarde)
Ya se encienden las hornillas en las casas
ya murieron los cerdos, la sal y las gallinas
como mueren estas gotas estrelladas
contra las indiferencias de la vida.
Licor, piedad… ¡Necesito licor para lavar mis versos!
Antes de que ya no sea lluvia, ni desnuda noche,
sino dolor agudo y desquiciado de pasitas
con almendras.
Dos piernas entre las que pueda hundirme lento
inevitablemente, urgente, blanco-gris. Demente.
Licor ¡Grito LICOR, por aquello que más quieran!
Agua donde degollar –sin cobardía- estos poemas.
Licor, grito y septiembre, 2020 ¡Qué vaina!
César y solo una sombra.
César y solo una sombra.
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