Carlos Rodríguez Morales
Poeta recién llegado
Cóctel de Cerezas
El miedo es un ladrón al que no guardo rencor
Y el dolor es un ensayo de la muerte
Enrique Bumbury.
Es preciso vaciarse
saber que los cuerpos no tienen continuidad.
Imagina:
Que el dolor es un ensayo de la muerte
y no duelen ya sus espinas
que el próximo invierno no congelará mas lágrimas
que no abunda el hambre en las calles
ese aroma nauseabundo
ni la soledad tan terrible.
Piensa
que sobreviven los pájaros en el mar
que nadie recolecta animales para decorar sus salas
que no hay mujeres muriendo en sus casas
que no hay niños prostituyéndose
que esta noche no se bombardea a nadie
en ninguna parte del mundo.
Todo eso hasta no poder diferenciar lágrimas de pestañas.
Mientras, la vela quemará el impulso de palabras que no se dicen
Habrá solo un recuerdo intangible:
La historia como un cóctel de cerezas bien servido
Cierra todas las puertas y procura deslizarte
algo así como llegar al cielo en una tarde fría.
En el esqueleto de una calle
La ropa en los balcones te dirá adiós
Al final de la misma calle un falso amor te recordará:
que las hojas no tienen culpa que llegue el otoño.
Es preciso calmarse
ver lo ingenuos que hemos sido
El miedo es un ladrón al que no guardo rencor
Y el dolor es un ensayo de la muerte
Enrique Bumbury.
Es preciso vaciarse
saber que los cuerpos no tienen continuidad.
Imagina:
Que el dolor es un ensayo de la muerte
y no duelen ya sus espinas
que el próximo invierno no congelará mas lágrimas
que no abunda el hambre en las calles
ese aroma nauseabundo
ni la soledad tan terrible.
Piensa
que sobreviven los pájaros en el mar
que nadie recolecta animales para decorar sus salas
que no hay mujeres muriendo en sus casas
que no hay niños prostituyéndose
que esta noche no se bombardea a nadie
en ninguna parte del mundo.
Todo eso hasta no poder diferenciar lágrimas de pestañas.
Mientras, la vela quemará el impulso de palabras que no se dicen
Habrá solo un recuerdo intangible:
La historia como un cóctel de cerezas bien servido
Cierra todas las puertas y procura deslizarte
algo así como llegar al cielo en una tarde fría.
En el esqueleto de una calle
La ropa en los balcones te dirá adiós
Al final de la misma calle un falso amor te recordará:
que las hojas no tienen culpa que llegue el otoño.
Es preciso calmarse
ver lo ingenuos que hemos sido