Norainu
Poeta fiel al portal
Demonios.
No hay paredes,
se disuelven como demonios de ceniza.
En la oscuridad el rey acompaña
a los muertos en el ejercito danzante.
La corona no está en la frente,
se ciñe en la espada sin nombre,
sujeta por la mano de hierro.
La voz.
El rito es la infamia y la serpiente anida en tus ojos.
La perfecta finura del dolor, preciso en su tortura.
Te revuelves sin dolor, con angustia.
La prenda, es el negro del encaje
que suscita la memoria, los seres que habitan en el fango.
Seres primigenios.
Siempre estuvieron ahí, sin forma.
Sobre el yelmo la voluntad inquebrantable
y el guantelete de hierro aprieta tu garganta.
En el camino del reptil te arrastras hasta la madrugada
y despiertas.
No hay paredes,
se disuelven como demonios de ceniza.
En la oscuridad el rey acompaña
a los muertos en el ejercito danzante.
La corona no está en la frente,
se ciñe en la espada sin nombre,
sujeta por la mano de hierro.
La voz.
El rito es la infamia y la serpiente anida en tus ojos.
La perfecta finura del dolor, preciso en su tortura.
Te revuelves sin dolor, con angustia.
La prenda, es el negro del encaje
que suscita la memoria, los seres que habitan en el fango.
Seres primigenios.
Siempre estuvieron ahí, sin forma.
Sobre el yelmo la voluntad inquebrantable
y el guantelete de hierro aprieta tu garganta.
En el camino del reptil te arrastras hasta la madrugada
y despiertas.
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