Monje Mont
Poeta reconocido en el portal
La recuerdo cinematográfica, noche azul de paso lento,
exhalando volutas de aire frío, hilvanando entre farolas
la distancia, como diciendo: “a pesar de todo estamos cerca”.
La recuerdo densa, con muchas cosas en la mente, gesticulando
cuando nadie la veía, como rogando treguas a los acólitos del miedo.
(Cuando el viento tañe sus campanas, y una armónica
lejana apetece los labios de otros tiempos,
ella, a sí misma se extrae de entre las uñas de la vida
y toca. “Panes duros”, se dice,
“otro trago para aprehender más de nosotros.
Para olvidar que el tiempo no respeta las plomadas”).
La recuerdo desnuda, erecta, tarareando nocturnos imprecisos,
con sus ojos grandes inmersos en el lago de la amnesia,
en sus sombras que poco a poco refutaron la entereza
con los dislates de antiguos puntos cardinales.
(Se imagina de cera en las vitrinas, vestida con los trajes
que paga un mortal adinerado. Y yergue su espalda,
despliega su plumaje, mientras las moscas de la noche
le clavan sus ojos como estacas).
La recuerdo escribiendo nuevos nombres cada ocaso.
De sus viejos enemigos escogía las iniciales. Reunía las balas perdidas
en las sienes. Diademas las llamaba. Luego se decía: “La noche tiene orillas.
Allá…, abundan los refugios. Después del puente de las migas
las burbujas de otro día, sus notas albas, sus alas tibias”.
Pero no oteó realmente los finales – tierra firme de los náufragos.
La recuerdo deslizándose con sus tacones rojos
por el teclado de las horas, presumiendo las vaguedades del amor,
el grueso impenetrable de una piel inmune,
los sueños inconclusos que a la suma nos definen.
La recuerdo desdeñando dádivas, dándole la espalda
a la sentencia de hojas secas, con la altivez de los dioses
que encontraron el oro monoatómico.
(Cuando acelera el paso, el tiempo parece detenerse
si bien se alejan los altares. Le queda desnudarse,
mantener estáticos sus dedos, tácita su pelvis, y con sus ojos desérticos
negar todas las lágrimas…, exhibir solamente,
el frío inconsecuente de sus mármoles.
…Diva de las cajitas musicales, baila los destiempos
ella sola, y sin embargo, concurrida por todos los delirios).
exhalando volutas de aire frío, hilvanando entre farolas
la distancia, como diciendo: “a pesar de todo estamos cerca”.
La recuerdo densa, con muchas cosas en la mente, gesticulando
cuando nadie la veía, como rogando treguas a los acólitos del miedo.
(Cuando el viento tañe sus campanas, y una armónica
lejana apetece los labios de otros tiempos,
ella, a sí misma se extrae de entre las uñas de la vida
y toca. “Panes duros”, se dice,
“otro trago para aprehender más de nosotros.
Para olvidar que el tiempo no respeta las plomadas”).
La recuerdo desnuda, erecta, tarareando nocturnos imprecisos,
con sus ojos grandes inmersos en el lago de la amnesia,
en sus sombras que poco a poco refutaron la entereza
con los dislates de antiguos puntos cardinales.
(Se imagina de cera en las vitrinas, vestida con los trajes
que paga un mortal adinerado. Y yergue su espalda,
despliega su plumaje, mientras las moscas de la noche
le clavan sus ojos como estacas).
La recuerdo escribiendo nuevos nombres cada ocaso.
De sus viejos enemigos escogía las iniciales. Reunía las balas perdidas
en las sienes. Diademas las llamaba. Luego se decía: “La noche tiene orillas.
Allá…, abundan los refugios. Después del puente de las migas
las burbujas de otro día, sus notas albas, sus alas tibias”.
Pero no oteó realmente los finales – tierra firme de los náufragos.
La recuerdo deslizándose con sus tacones rojos
por el teclado de las horas, presumiendo las vaguedades del amor,
el grueso impenetrable de una piel inmune,
los sueños inconclusos que a la suma nos definen.
La recuerdo desdeñando dádivas, dándole la espalda
a la sentencia de hojas secas, con la altivez de los dioses
que encontraron el oro monoatómico.
(Cuando acelera el paso, el tiempo parece detenerse
si bien se alejan los altares. Le queda desnudarse,
mantener estáticos sus dedos, tácita su pelvis, y con sus ojos desérticos
negar todas las lágrimas…, exhibir solamente,
el frío inconsecuente de sus mármoles.
…Diva de las cajitas musicales, baila los destiempos
ella sola, y sin embargo, concurrida por todos los delirios).
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