Mis queridos muertos: II. Brittany

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
A Britanny Maynard (1984-2014),
porque una vida digna es también una muerte digna.


Buscas en la historia previa el antídoto.
Desenrollas la piedra.
Lees signos de ojos. Mineral mirada.
Todo parece clausurado.
El agua se sella en un murmullo
y es como andar entre cicatrices de música.

El fósil de un suspiro revela la edad de tu tristeza,
lunas medidas a dentelladas.
¿Dónde está tu vida que soñó la noche
para espigar estrellas en tu desplazamiento?

Los cactus trasvasan su saliva de crispación
a tus caricias que blanden surcos
y trincheras.
Rondas el sitio de tu corazón,
confundes las inscripciones de las lápidas
con los rostros que la muerte alarga.

Las frutas de tus pasos fosforecen,
acechan detrás,
sustraen las ondas cortas de tu lóbrega dulzura.
Todavía el eco intenta una salida –o una entrada–,
resuena el umbral inmenso
con una prescripción de ausencia.

Hay que renunciar al miedo y mudar de piel,
llorar la ceniza compacta de tus huesos,
volatizar tus ojos en la humareda,
y entrar en tu risa disuelta a procurar un gesto
que impugne al aire
para que desde un espejo te diga adiós.

5 de noviembre de 2014

 
Sentido poema para está mujer que pudo y supo acabar dignamente con sufrimientos diagnosticados por su cancer terminal.

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El poema completo es bellísimo, pero esas líneas me encantaron.
saludos poeta.




El fósil de un suspiro revela la edad de tu tristeza,
lunas medidas a dentelladas.
Todavía el eco intenta una salida –o una entrada–,
resuena el umbral inmenso
con una prescripción de ausencia.
llorar la ceniza compacta de tus huesos,
volatizar tus ojos en la humareda,
y entrar en tu risa disuelta a procurar un gesto
 
A Britanny Maynard (1984-2014),
porque una vida digna es también una muerte digna.


Buscas en la historia previa el antídoto.
Desenrollas la piedra.
Lees signos de ojos. Mineral mirada.
Todo parece clausurado.
El agua se sella en un murmullo
y es como andar entre cicatrices de música.

El fósil de un suspiro revela la edad de tu tristeza,
lunas medidas a dentelladas.
¿Dónde está tu vida que soñó la noche
para espigar estrellas en tu desplazamiento?

Los cactus trasvasan su saliva de crispación
a tus caricias que blanden surcos
y trincheras.
Rondas el sitio de tu corazón,
confundes las inscripciones de las lápidas
con los rostros que la muerte alarga.

Las frutas de tus pasos fosforecen,
acechan detrás,
sustraen las ondas cortas de tu lóbrega dulzura.
Todavía el eco intenta una salida –o una entrada–,
resuena el umbral inmenso
con una prescripción de ausencia.

Hay que renunciar al miedo y mudar de piel,
llorar la ceniza compacta de tus huesos,
volatizar tus ojos en la humareda,
y entrar en tu risa disuelta a procurar un gesto
que impugne al aire
para que desde un espejo te diga adiós.

5 de noviembre de 2014


Te felicito, amigo, por dedicar a tus seres queridos (si es que es así) esta tanda de poemas. Hasta ahora leí dos. Un gusto leerte. Que andes bien.
 
Sin palabras, cuanta valentía requiere un acto así, la vida no es siempre justa
o mejor dicho, casi nunca lo es. Honroso tu homenaje a esta penosa muerte,
que estará vigente por siempre en los corazones. Gracias por tu siempre grato
compartir. Besitos apretados en tus mejillas.
 

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