Carta de un soldado.

wilson yupanqui

Poeta asiduo al portal

Batallón contrasubversivo
Mariscal Cáceres N° 8
Frente de combate: Alto Huallaga.

Padre, en esta tarde te he recordado mucho y agolpa la nostalgia con vehemencia, huele a sangre y huele a muerte, en medio de esta guerra en que me encuentro.

Hoy, partimos muy temprano por la espesura de la selva, abriéndonos paso entre la enmarañada vegetación. La atmósfera es extraña, desde que salimos de la base. Un tanto tensa. ¿Será que la naturaleza presagia algo que no logro advertir?...Cómo llueve esta mañana.
¿ Sabes? extraño los cafecitos de mamá en el invierno, enroscado en el mueble de la sala y tus brazos cálidos envolviéndome con ternura. Hoy, me abraza la nostalgia y me envuelve la angustia, las horas parecen un sin fin de minutos encontrados y los días réplica del anterior; la patrulla avanza con discreción, pero deduzco entre mis compañeros, sin necesidad de preguntar, el temor de no regresar plasmado en sus miradas, maquilladas de valor, el mayor aún no pasa los diecinueve años y, ciertamente, algunos no volveremos. Si llegaras a leer esta carta, seguramente es porque jamás volveré a estar entre ustedes. Cómo llueve y hace frío.


Juan, el hijo de don Francisco ¿Recuerdas?, aquel de la tiendecita amarilla, allí donde mamá compra los víveres, quien con tanta efusión y orgullo hablaba de su hijo, fue abatido esta mañana en la última emboscada, su mirada languidecía mirándome fijamente a los ojos sin poder articular palabra alguna, su tibia sangre empapaba mi capotín, mientras en su silencio agónico me decía: No me dejes morir . ¿Qué le diré a don Francisco cuando regrese?

Ya anochece, la tropa está exhausta, hubo muchas bajas este día, acamparemos en lo alto de la montaña, bajo la protección de los árboles añejos, inmutables y robustos, el enemigo está cerca y puede atacar de nuevo, pero sigue lloviendo. El capitán organizó el servicio de guardia para esta noche, estoy segundo turno, me da tiempo para pensar y reflexionar. Te extraño mucho padre, extraño esos momentos que solíamos pasar juntos, conversando de hasta las más pequeñas e insignificantes cosas de la vida, de cuando emigraste de tu tierra robándote a mamá, bandido, pero como se amaban; tantas historias que hoy emergen de mi mente para alivianar esta tragedia, me dormía entre tus brazos escuchando siempre las mismas anécdotas pero a la vez tan interesantes e ilustrativas.

Cuando vuelva padre, iremos a tu tierra, quiero conocer aquel caminito polvoriento por donde anduviste cuando niño yendo a pastar el ganado, muy tempranito, antes del alba, la chacrita que el abuelo cultivaba con mucho esmero, donde fuiste feliz, donde aprendiste a cantarle al viento, a la china linda y al jilguero, bajo la sombra del Higuerón, pinchándote las manos con las sisas de la tuna y aquella chocita de adobe y capulí, rodeado de tus gallinas bajo el hermoso cielo serrano, donde la abuela azuzaba el fogón, sancochando el mote , las papas y los choclos para el almuerzo, ahumando sus trencitas con el humito de leña que se erguía sobre el tejado; iremos padre por esas playas del norte, a donde te escapabas con tus compañeros del BIM N° 5 de Zarumilla, al cual por cierto jamás volviste, te acompañaré a recoger tus pasos perdidos, a recoger tu identidad, a recorrer tu otro hogar, porque el cuartel, padre mío, es nuestro hogar, para toda la vida... Y sigue lloviendo, pareciera que el cielo, cómplice del enemigo, luchara contra nosotros ¡ Cuando acabará este infierno de sangre y fuego!

Nos alistamos para cenar, a pasar rancho como se dice, luego a dormir algunos, otros a cubrir la guardia, si se podrá dormir digo yo, mañana es otro día y sabe Dios que nos deparará el destino. Se escuchan tiros furtivos a las doce, parece otra emboscada, el enemigo ataca de nuevo, te dejo padre, mis compañeros ya están prestos para el combate, recuerda que te amo y por favor, si lees ésta carta, no vayas a contarle pronto a mamá, puede preocuparse mucho, harto tiene ya con mi ausencia...


_ Toc, toc, toc..

Señor Hipólito Layza?

_ Si joven, en que puedo servirle.

_ traigo carta de su hijo...



 
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Prosa del MES


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Batallón contrasubversivo
Mariscal Cáceres N° 8
Frente de combate: Alto Huallaga.

Padre, en esta tarde te he recordado mucho y agolpa la nostalgia con vehemencia, huele a sangre y huele a muerte, en medio de esta guerra en que me encuentro.

Hoy partimos muy temprano por la espesura de la selva, abriéndonos paso entre la enmarañada vegetación, la atmósfera es extraña, desde que salimos de la base, un tanto tensa, ¿Será que la naturaleza presagia algo que no logro advertir?...Cómo llueve esta mañana.¿ Sabes? extraño los cafecitos de mamá en el invierno, enroscado en el mueble de la sala y tus brazos cálidos envolviéndome con ternura. Hoy, me abraza la nostalgia y me envuelve la angustia, las horas parecen un sin fín de minutos encontrados y los días réplica del anterior; la patrulla avanza con discreción, pero deduzco entre mis compañeros, sin necesidad de preguntar, el temor de no regresar plasmado en sus miradas, maquilladas de valor, el mayor aún no pasa los diecinueve años y ciertamente algunos no volveremos. Si llegaras a leer esta carta, seguramente jamás volveré a estar entre ustedes. Cómo llueve y hace frío.

Juan, el hijo de don Francisco ¿Recuerdas?, aquel de la tiendecita amarilla, allí donde mamá compra los víveres, quien con tanta efusión y orgullo hablaba de su hijo, fue abatido esta mañana en la última emboscada, su mirada languidecía mirándome a los ojos sin poder articular palabra alguna, su tibia sangre empapaba mi capotín, mientras en su silencio agónico me decía no me dejes morir sin palabras ¿que le diré a don Francisco cuando regrese?

Ya anochece, la tropa está exhausta, hubo muchas bajas este día, acamparemos en lo alto de la montaña, bajo la protección de los árboles añejos inmutables y robustos, el enemigo está cerca y puede atacar de nuevo, ...pero sigue lloviendo, el capitán organizó el servicio de guardia para esta noche, estoy segundo turno, me da tiempo para pensar y reflexiona. Te extraño mucho padre, extraño esos momentos que solíamos pasar juntos, conversando de hasta las más pequeñas e insignificantes cosas de la vida, de cuando emigraste de tu tierra robándote a mamá, bandido, pero como se amaban; tantas cosas que hoy emergen de mi mente para alivianar esta tragedia, me dormía entre tus brazos escuchando siempre las mismas historias pero a la vez tan interesantes e ilustrativas.

Cuando vuelva padre, iremos a tu tierra, quiero conocer aquel caminito polvoriento por donde anduviste cuando niño yendo a pastar el ganado, muy tempranito, antes del alba, la chacrita que el abuelo cultivaba con mucho esmero, donde fuiste feliz, donde aprendiste a cantarle al viento, a la china linda y al jilguero, bajo la sombra del Higuerón, pinchándote las manos con las sisas de la tuna y aquella chocita de adobe y capulí, rodeado de tus gallinas bajo el hermoso cielo serrano, donde la abuela azuzaba el fogón, sancochando el mote , las papas y los choclos para el almuerzo, ahumando sus trencitas con el humito de leña que se yergue sobre el tejado; iremos padre por esas playas del norte, a donde te escapabas con tus compañeros del BIM N° 5 de Zarumilla, al cual por cierto jamás volviste, te acompañaré a recoger tus pasos, a recoger tu identidad, a recorrer tu otro hogar, porque el cuartel, padre mío, es nuestro hogar, para toda la vida... Y sigue lloviendo, pareciera que el cielo, cómplice del enemigo, luchara contra nosotros ¡ Cuando acabará este infierno de sangre y fuego!

Nos alistamos a cenar, a pasar rancho como se dice, luego a dormir algunos, otros a cubrir la guardia, si se podrá dormir digo yo, mañana es otro día y sabe Dios que nos deparará el destino. Se escuchan tiros furtivos a las doce, parece otra emboscada, el enemigo ataca de nuevo, te dejo padre, mis compañeros ya están prestos para el combate, recuerda que te amo y por favor, si lees esta carta, no vayas a contarle pronto a mamá, puede preocuparse mucho, harto tiene ya con mi ausencia...



_¿Señor Hipólito Layza?
Si joven, en que puedo servirle.
_ traigo carta de su hijo...




Muchas felicidades!!!! Un gusto pasar por aqui, saludos!
 
Muchas gracias, que grarificante es saber que reconocen tu trabajo, ésta historia es una mas de tantas que los soldados de mi generación vivieron en tiempos de terrorismo en mi Perú querido, es algo que llevaremos en el alma por siempre.
 

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