Tengo un trocito de mar donde vivo
que casi siempre esta triste.
Es sereno, silencioso
con olas suaves,
cerrado por diques de piedra
surcado por barquitas,
pero su cara esta seria
porque las nubes le lloran encima
y la luz amarilla
se escapa lejos de su piel verde.
Las gaviotas le contaron una tarde
que hay mares grandes,
con olas ruidosas y alegres
y su piel azul transparente,
enseñan a los niños
todas las conchitas que hay en su vientre.
Los pececitos de plata
nadan suave en su saliva salada,
sus praderas de rocas y algas
conocen la música
de las rojas madrugadas.
y en las noches azul marino
Venus esta siempre
haciendo el guiño mas brillante.
Mi mar chiquito
hoy esta triste,
un pececito de plomo que vive en sus aguas
le canta canciones de mares feroces,
de aguas con fantasmas negros
dentro de su alma.
Por eso él vino
hacia sus aguas mansas
buscando la lluvia que endulza la playa,
su sereno cuerpo que siempre lo abraza
y cuida a los seres meciéndolos lentamente
con canciones blancas.
Los niños
en su playa pequeña
juegan con la espuma pálida
haciendo castillos
que las olas casi nunca aplastan.
El mar
se mira en el espejo de su cielo gris
sonriendo ausente.
No se siente triste ya
porque los peces de plomo
le cantan alabanzas,
las nubes le vigilan,
le cuentan sus cuitas,
lloran con él sus penas pasadas.
Sus olas acarician todo lo que alcanzan
y la luz suave
se mete en sus aguas
haciéndola verde
como la esperanza.
que casi siempre esta triste.
Es sereno, silencioso
con olas suaves,
cerrado por diques de piedra
surcado por barquitas,
pero su cara esta seria
porque las nubes le lloran encima
y la luz amarilla
se escapa lejos de su piel verde.
Las gaviotas le contaron una tarde
que hay mares grandes,
con olas ruidosas y alegres
y su piel azul transparente,
enseñan a los niños
todas las conchitas que hay en su vientre.
Los pececitos de plata
nadan suave en su saliva salada,
sus praderas de rocas y algas
conocen la música
de las rojas madrugadas.
y en las noches azul marino
Venus esta siempre
haciendo el guiño mas brillante.
Mi mar chiquito
hoy esta triste,
un pececito de plomo que vive en sus aguas
le canta canciones de mares feroces,
de aguas con fantasmas negros
dentro de su alma.
Por eso él vino
hacia sus aguas mansas
buscando la lluvia que endulza la playa,
su sereno cuerpo que siempre lo abraza
y cuida a los seres meciéndolos lentamente
con canciones blancas.
Los niños
en su playa pequeña
juegan con la espuma pálida
haciendo castillos
que las olas casi nunca aplastan.
El mar
se mira en el espejo de su cielo gris
sonriendo ausente.
No se siente triste ya
porque los peces de plomo
le cantan alabanzas,
las nubes le vigilan,
le cuentan sus cuitas,
lloran con él sus penas pasadas.
Sus olas acarician todo lo que alcanzan
y la luz suave
se mete en sus aguas
haciéndola verde
como la esperanza.