Remo
Poeta recién llegado
Al anochecer voceada, cálida y calada;
recorrer los celajes en el olimpo
sin ver aún la sondeada brillante de la
blanca aversión y la erosión de hace no tanto
tiempo, sencillo es el pasar del aire,
la ternura de las aves, la fluidez de los caudales.
Sin idea, sin pensar que decir, irónico es,
cada mañana, cada noche levantados de la cama
sonríen esperando pisar la tierra, casi siempre
separados y sin importar la órbita ni la distancia
cerca desean estar. Los eclipses, ese pedacito
de edad lunar. Noble misión desempeñó, sembró
sin pedir ser cuidada, sus ondas todavía sombrean
el latido irremediable del lamentable anormal,
recorre el pozo removido, el que transmite a través
de la brisa sin migajas de risa, su fragancia, su ex - existir.
Arte, retraer vida en mente no es más que el copo airoso
desintegrado. De la luna recogida fuiste y la cuna del sol
en el catre no oscuro te cubrió. Él, medio hermano
de tu madre fue, y cuando llegaron pasó a serlo
por ambos tallos, llenó de ardientes cenizas el capilar
del plebeyo cavilar, sublimándolas en fuego ardiente,
llamas refulgentes y en pensar imponente.
¿Quién no vive de arte? ¿Quién no es arte?
En el palacio de la creación cuando moldeados fuimos
por la otra cara, en el arcillado ladrillo ¿No fue vida, poesía?,
pensando vivimos en lo polvoriento de las teclas y en el
monstruo del cenicero, jamás en el por qué, en el minutero
que transita y nos guiña.
Marcelo Aurelio
recorrer los celajes en el olimpo
sin ver aún la sondeada brillante de la
blanca aversión y la erosión de hace no tanto
tiempo, sencillo es el pasar del aire,
la ternura de las aves, la fluidez de los caudales.
Sin idea, sin pensar que decir, irónico es,
cada mañana, cada noche levantados de la cama
sonríen esperando pisar la tierra, casi siempre
separados y sin importar la órbita ni la distancia
cerca desean estar. Los eclipses, ese pedacito
de edad lunar. Noble misión desempeñó, sembró
sin pedir ser cuidada, sus ondas todavía sombrean
el latido irremediable del lamentable anormal,
recorre el pozo removido, el que transmite a través
de la brisa sin migajas de risa, su fragancia, su ex - existir.
Arte, retraer vida en mente no es más que el copo airoso
desintegrado. De la luna recogida fuiste y la cuna del sol
en el catre no oscuro te cubrió. Él, medio hermano
de tu madre fue, y cuando llegaron pasó a serlo
por ambos tallos, llenó de ardientes cenizas el capilar
del plebeyo cavilar, sublimándolas en fuego ardiente,
llamas refulgentes y en pensar imponente.
¿Quién no vive de arte? ¿Quién no es arte?
En el palacio de la creación cuando moldeados fuimos
por la otra cara, en el arcillado ladrillo ¿No fue vida, poesía?,
pensando vivimos en lo polvoriento de las teclas y en el
monstruo del cenicero, jamás en el por qué, en el minutero
que transita y nos guiña.
Marcelo Aurelio
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