abcd
Poeta adicto al portal
Solo soy hermoso en pensamientos,
sobre todo en esos prolíficos hacia nuevas libertades.
Nadie esboza una sonrisa tan práctica,
ni flagela sus labios en una mueca víctima
que tiende a un infinito desesperado.
Soy un ser creíble,
débil, de cicatrices no visibles,
de fantasmas en las manos.
Tengo en el reverso de la piel algunos amigos
y noches muy lejanas a la realidad.
No sabría utilizar un maquillaje,
ni las palabras me quieren vestir.
Escupo tanto hacia arriba
que creo haber arrojado mi alma al techo.
Me alimento de una vanidad trastocada,
miles o cientos de eruditos me engordan.
No llegue a querer tanto, para sentirme tan aliviado del amor.
A veces, cada equis cantidad de años una caricia me sostiene,
yo luego le hago una cruz al cuerpo
y duermo, solo duermo hasta olvidar.
Soy hermoso, solo y feliz,
un limbo hermenéutico,
una rara condición de soñador sin drogas.
Mañana seguramente el pulso del corazón se acelerara
y volveré a pedir perdón.
Estas tormentas ya las he mentido,
mujeres sin nombre,
meses sin golpes, sin un solo solsticio de amabilidad en una boca.
Lloraría, pero ahora escribo con pausas.
Puedo ser hermoso como el centro de un budín
o como una luciérnaga engullendo una caracola de cristal.
Puedo ser hermoso si aprendo a desaprender
y dibujo un azar vacío de prejuicios,
si no abuso de la permanencia espiritual,
si cierro los ojos y junto los eslabones con inercia al sexo opuesto.
sobre todo en esos prolíficos hacia nuevas libertades.
Nadie esboza una sonrisa tan práctica,
ni flagela sus labios en una mueca víctima
que tiende a un infinito desesperado.
Soy un ser creíble,
débil, de cicatrices no visibles,
de fantasmas en las manos.
Tengo en el reverso de la piel algunos amigos
y noches muy lejanas a la realidad.
No sabría utilizar un maquillaje,
ni las palabras me quieren vestir.
Escupo tanto hacia arriba
que creo haber arrojado mi alma al techo.
Me alimento de una vanidad trastocada,
miles o cientos de eruditos me engordan.
No llegue a querer tanto, para sentirme tan aliviado del amor.
A veces, cada equis cantidad de años una caricia me sostiene,
yo luego le hago una cruz al cuerpo
y duermo, solo duermo hasta olvidar.
Soy hermoso, solo y feliz,
un limbo hermenéutico,
una rara condición de soñador sin drogas.
Mañana seguramente el pulso del corazón se acelerara
y volveré a pedir perdón.
Estas tormentas ya las he mentido,
mujeres sin nombre,
meses sin golpes, sin un solo solsticio de amabilidad en una boca.
Lloraría, pero ahora escribo con pausas.
Puedo ser hermoso como el centro de un budín
o como una luciérnaga engullendo una caracola de cristal.
Puedo ser hermoso si aprendo a desaprender
y dibujo un azar vacío de prejuicios,
si no abuso de la permanencia espiritual,
si cierro los ojos y junto los eslabones con inercia al sexo opuesto.