José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
“Mi Sueño… en el horizonte”
¡Oh noche seductora!
Que me mira y me enamora.
Noche que el amanecer le estorba.
Noche que me invita a soñar.
A soñar con ese amanecer
que quiere aflorar
y esa sábana en bruma
que cubre mi lecho.
Un lecho marino y azul,
que me anuncia una calma etérea,
una calma difusa.
Posiblemente engañosa.
Sueño con unos ojos vidriosos,
atrayentes. Innegablemente hermosos.
Unos ojos de ensueño…
Unos ojos que me desnudan…
que me perturban el alma.
Y me siento atrapado en el reflejo de sus iris,
en la ternura de su mirada,
en el brillo de unos ojos
que roban la luz de todos los amaneceres,
posiblemente, de todas las estrellas.
Me siento eufórico, y al tiempo abatido,
como la mosca atrapada,
en telarañas de la viuda negra,
cautivado por un amor…
posiblemente pervertido,
donde presiento que cada amanecer
está manipulado,
donde los ocasos me anuncian siempre el final.
El fracaso.
El fracaso de un sueño no alcanzado.
Desarbolado.
Solo, el cercano horizonte,
y mis ganas inmensas de amarte,
harán que me libere de ese doloso mirar.
Y me lanzaré a ese mar sin brumas,
en busca de “Mi Sueño Contigo”,
de ese Sueño que sí, que seguro podré alcanzar.
¡Seguro!