El viento arrecia con fuerza,
el árbol le danza al viento,
y las nubes sollozantes
van mojando los recuerdos.
Pasa entre vientos la tarde,
por las callejas, silencio,
y la mirada se pierde
en la corriente del tiempo.
Los gorriones guarecidos
dejan tristes los senderos
mientras desde mi ventana
el cielo gris se va hundiendo.
Por el lejano horizonte,
nubes tiznadas de negro,
y el dolor de la nostalgia
llega gruñendo de lejos.
Néctar de rosas derrama
cuando brota de sus senos
el ósculo primitivo
que desciende a cielo abierto.
Es un besar blanquecino
que hace del río su espejo,
es el alba de la noche
adentrándose en el pecho.
¡Oh luna, cisne de plata,
llena de canto y misterio!
La palidez de tu tez me
llevó a escalar el cielo
para sentir el roce de
tus labios puros, serenos
que en las noches solitarias
vertías sobre mi cuerpo.
¿Cómo en mí tú te fijaste?
¿Por qué me diste aquel beso
de enamorada dejando
a mi corazón sediento?
Un olor a rosa fresca,
me llenó el instante inmenso
viniendo a verme a través
de las nubes y del viento.
Luis
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