Son saetas de fuego tus palabras.
Traspasan las corazas del olvido.
Fantásticas, reales, son bisagras.
Las unas y las otras, bien servido.
Pueden ser tan alegres o macabras,
de tinte más prudente que atrevido.
A vida o muerte raudas las consagras.
A su mayor valor es promovido.
Se alojan como el hielo que se expande.
Destrozan desde adentro el sentimiento
o cualquiera razón que las demande.
Y, sin embargo, son también cimiento
en donde cada letra se hace grande
y vuela libre al son del brioso viento.
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