Con grietas milenarias, otras épocas,
pude soñar un siglo venidero.
Con cascadas de lágrimas por décadas
y de lustro de fuego en hervidero.
Con años que reflotan sumidero.
Llegan meses tallados por sus églogas.
Días y noches siendo el asidero
de ruines horas consumidas. Plétoras.
Se escapan por rendijas los minutos.
Segundos que comprimen somnolencia
al tiempo rinden últimos tributos.
La guardia baja mi febril dolencia.
Por espacios e instantes diminutos
se filtran tus imágenes, tu ausencia.
Última edición: