malco
Moderador foro Tensones.Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Moderadores
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Equipo Revista "Eco y latido"
Patios de Sanlucar
Amanece,
y la primavera se anuncia
trayendo consigo aromas florales,
azahares, alelíes y la hermosa flor de Jara,
van dejando sus fragancias exquisitas
que con la marinera brisa dispersara.
El alba va entregando sus rojizos tonos
sonrojando los blancos torreones almohades
resistentes a los arietes
con sus grímpolas y gallardetes.
En sus callejuelas alineadas
antiguas casas de balcones
con altísimos portones
cierran paso a los fisgones,
enseguida los saguanes
nos adentra a la morada
traspasando corredores
un sosiego nos depara.
Al fin, con bucólica ilusión
se nos salta el corazón,
ante tal explosión
de colores en la albura,
púes es tanta fermosura
del florido jardín
que más parece el cielo
que un patio en la hechura
de sevillana donosura.
De aquellos medievales tiempos
es testigo el Gudalquivir
que desde la Sierra Cazorla
serpenteando deja marismas
y con el mar se va a unir.
Más allá,
castillejos de estirpe nazarí
de esquifadas bóvedas y gallones
adornando sus boceles,
exhibían en sus pórticos
orgullosos sus blasones.
Torres albarranas y alcazabas
semejando centinelas morunos
dejando imborrable huella
del arábigo yugo.
Amanece,
y la primavera se anuncia
trayendo consigo aromas florales,
azahares, alelíes y la hermosa flor de Jara,
van dejando sus fragancias exquisitas
que con la marinera brisa dispersara.
El alba va entregando sus rojizos tonos
sonrojando los blancos torreones almohades
resistentes a los arietes
con sus grímpolas y gallardetes.
En sus callejuelas alineadas
antiguas casas de balcones
con altísimos portones
cierran paso a los fisgones,
enseguida los saguanes
nos adentra a la morada
traspasando corredores
un sosiego nos depara.
Al fin, con bucólica ilusión
se nos salta el corazón,
ante tal explosión
de colores en la albura,
púes es tanta fermosura
del florido jardín
que más parece el cielo
que un patio en la hechura
de sevillana donosura.
De aquellos medievales tiempos
es testigo el Gudalquivir
que desde la Sierra Cazorla
serpenteando deja marismas
y con el mar se va a unir.
Más allá,
castillejos de estirpe nazarí
de esquifadas bóvedas y gallones
adornando sus boceles,
exhibían en sus pórticos
orgullosos sus blasones.
Torres albarranas y alcazabas
semejando centinelas morunos
dejando imborrable huella
del arábigo yugo.
Última edición: