Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Cuánto dolió tu partida!
sin adiós, sin despedida.
Mi dolorosa quimera,
no sabes cuánto quisiera
volverte a ver. Si pudiera
a cambio daría mi vida.
Se ha rasgado el juramento
de nuestro amor. ¡Qué tormento!,
este, que en tu muerte siento
como la sal en la herida.
Avizoro un porvenir
lóbrego, sin discernir,
entre un aciago vivir
o apresurarme en la huída,
y encontrarnos en el cielo,
deshaciendo el bruno duelo
con el sagrado consuelo
de tu eterna bienvenida.
sin adiós, sin despedida.
Mi dolorosa quimera,
no sabes cuánto quisiera
volverte a ver. Si pudiera
a cambio daría mi vida.
Se ha rasgado el juramento
de nuestro amor. ¡Qué tormento!,
este, que en tu muerte siento
como la sal en la herida.
Avizoro un porvenir
lóbrego, sin discernir,
entre un aciago vivir
o apresurarme en la huída,
y encontrarnos en el cielo,
deshaciendo el bruno duelo
con el sagrado consuelo
de tu eterna bienvenida.
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