BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vida de pies que vacilan,
de tenedores incesantes,
de destellos quebrantados,
de héroes sin equino ni caballo.
De verdugos invisibles
de cantantes papagayos
de execrables dictadores
que visten a la moda y la imponen.
Vidas que circulan por el aire
como corrientes subterráneas
que invitan al naufragio o al desastre.
Que incitan al desvarío
y promueven el delirio.
Vida de licores, de amarguras
siniestras, de crímenes silenciosos,
de guantes sin manos, de poetas
y jugadores de póquer.
Vida de dioses desorientados
de capullos de flor castrados
de budas rigurosos subidos a su loto.
Donde las palabras se diluyen
y amanece tóxicamente, allí estoy;
como un barco tenue y confuso
que zozobra siempre en el mismo sitio-.
©
de tenedores incesantes,
de destellos quebrantados,
de héroes sin equino ni caballo.
De verdugos invisibles
de cantantes papagayos
de execrables dictadores
que visten a la moda y la imponen.
Vidas que circulan por el aire
como corrientes subterráneas
que invitan al naufragio o al desastre.
Que incitan al desvarío
y promueven el delirio.
Vida de licores, de amarguras
siniestras, de crímenes silenciosos,
de guantes sin manos, de poetas
y jugadores de póquer.
Vida de dioses desorientados
de capullos de flor castrados
de budas rigurosos subidos a su loto.
Donde las palabras se diluyen
y amanece tóxicamente, allí estoy;
como un barco tenue y confuso
que zozobra siempre en el mismo sitio-.
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